Etiqueta: criptomonedas

  • Stablecoins inestables: Terra/Luna y el efecto dominó

    Stablecoins inestables: Terra/Luna y el efecto dominó

    Las stablecoins nacieron para resolver el problema más evidente de las criptomonedas: su volatilidad inutilizadora. Una moneda que puede perder el 20% de su valor mientras duermes no sirve como medio de intercambio ni como reserva de valor. Las stablecoins prometían lo mejor de ambos mundos: la infraestructura cripto combinada con la estabilidad del dólar. Lo que algunas entregaron fue la mayor estafa algorítmica de la historia.

    El ecosistema Terra/Luna, creado por Do Kwon, un emprendedor surcoreano con más carisma que escrúpulos, proponía una arquitectura ingeniosa sobre el papel. UST, la stablecoin del sistema, mantenía su paridad con el dólar mediante un mecanismo de arbitraje con Luna, el token nativo. Cuando UST caía por debajo del dólar, se podía quemar UST para crear Luna, reduciendo la oferta y restaurando el precio. Cuando UST subía, se podía quemar Luna para crear UST. Era un perpetuum mobile financiero: una stablecoin respaldada únicamente por la fe en otra criptomoneda.

    Para atraer capital al ecosistema, Terra creó Anchor Protocol, que prometía un rendimiento del 20% anual sobre depósitos en UST. El rendimiento era insostenible por diseño —Anchor perdía dinero con cada depósito—, pero cumplía su función de cebo: miles de millones de dólares fluyeron hacia el protocolo de inversores seducidos por retornos imposibles. En su pico, Anchor contenía más de 14.000 millones de dólares en depósitos.

    La estafa de Terra/Luna no era, técnicamente, un fraude en el sentido legal. Do Kwon no robó dinero de una caja fuerte. Lo que hizo fue construir un sistema matemáticamente destinado al colapso y promocionarlo como una innovación revolucionaria. El mecanismo de estabilización de UST funcionaba mientras hubiera demanda creciente; en el momento en que esa demanda se invirtiera, el sistema entraría en una espiral de muerte donde cada venta de UST generaría más Luna, devaluando Luna, lo cual reduciría la confianza en UST, generando más ventas.

    Esa espiral llegó en mayo de 2022. Un retiro masivo de UST de Anchor desencadenó exactamente la dinámica que los críticos habían advertido durante meses. En cuestión de días, UST perdió completamente su paridad con el dólar, llegando a cotizar a centavos. Luna, que había alcanzado un máximo de 119 dólares por token, colapsó a fracciones de céntimo. 60.000 millones de dólares en valor de mercado se evaporaron, arrastrando consigo a los fondos, plataformas y personas que habían apostado por el ecosistema.

    Las consecuencias fueron devastadoras y no se limitaron a Terra. El contagio se extendió como un incendio forestal por el ecosistema cripto. Celsius, una plataforma de préstamos cripto con exposición masiva a Terra, suspendió los retiros y eventualmente colapsó. Three Arrows Capital, un hedge fund que había apostado fuerte por Luna, quebró espectacularmente, desencadenando una cascada de liquidaciones. La crisis de confianza contribuyó al posterior colapso de FTX. El efecto dominó de Terra/Luna demostró lo interconectado y frágil que era el castillo de naipes cripto.

    Do Kwon, por su parte, huyó de Corea del Sur, fue detenido en Montenegro con documentos falsificados, y actualmente enfrenta cargos criminales en múltiples jurisdicciones. Su arrogancia en redes sociales durante el auge de Terra —burlándose de críticos, presumiendo de su riqueza, desestimando advertencias legítimas— se ha convertido en evidencia documental de su desprecio por los inversores a quienes destruyó.

    El colapso de Terra/Luna debería haber sido un momento de reflexión para el ecosistema cripto. En su lugar, fue rápidamente olvidado, las víctimas fueron culpabilizadas por su propia codicia, y los promotores del sector continuaron vendiendo la próxima iteración del mismo sueño. Es el patrón constante de la amnesia cripto: cada estafa es tratada como un caso aislado, nunca como síntoma de un sistema diseñado para producir estafas.

    Las stablecoins algorítmicas siguen existiendo, aunque con menor tracción tras el desastre de Terra. La lección que deberíamos extraer es simple: una moneda estable respaldada únicamente por confianza y código no es estable; es una bomba de tiempo esperando las condiciones adecuadas para detonar.

  • ICOs y la fiebre del oro digital

    ICOs y la fiebre del oro digital

    El año 2017 será recordado en la historia financiera como el período en que se demostró, de forma concluyente, que la humanidad no ha aprendido nada desde la tulipomanía holandesa del siglo XVII. Las Initial Coin Offerings —ICOs— representaron la forma más pura de estafa financiera masiva que el siglo XXI ha producido: la capacidad de recaudar millones de dólares presentando únicamente un PDF con promesas grandilocuentes y una dirección de cartera de Ethereum.

    La mecánica de una ICO era de una simplicidad desarmante. Un equipo —frecuentemente anónimo o pseudónimo— publicaba un whitepaper describiendo un proyecto revolucionario que utilizaría tecnología blockchain para resolver algún problema, real o imaginario. Luego vendía tokens que supuestamente darían acceso al futuro servicio o representarían participación en el futuro éxito del proyecto. Los inversores enviaban criptomonedas, recibían tokens a cambio, y esperaban que el valor de esos tokens se multiplicara cuando el proyecto se materializara.

    El problema era que la inmensa mayoría de proyectos nunca se materializaron. Estudios posteriores revelaron que más del 80% de las ICOs de 2017-2018 fueron estafas deliberadas, fracasos rotundos, o proyectos abandonados. Los miles de millones recaudados se evaporaron en una combinación de fraude, incompetencia y gastos extravagantes. Los fundadores de proyectos fallidos compraron yates, fiestas, mansiones, y desaparecieron hacia jurisdicciones sin tratados de extradición.

    El caso de Centra Tech ilustra el patrón con claridad didáctica. Sus fundadores recaudaron 32 millones de dólares prometiendo una tarjeta de débito respaldada por Visa y Mastercard que permitiría gastar criptomonedas en cualquier comercio. El proyecto fue promocionado por celebridades como Floyd Mayweather y DJ Khaled, quienes cobraron por sus endorsements sin revelar ese detalle a sus seguidores. Resultó que las alianzas con Visa y Mastercard eran inexistentes, que los ejecutivos listados en el whitepaper eran ficticios, y que todo el proyecto era una estafa desde su concepción. Los fundadores fueron condenados a prisión; los inversores nunca recuperaron su dinero.

    Tezos recaudó 232 millones de dólares en su ICO, convirtiéndose en una de las mayores de la historia. Poco después, el proyecto se sumió en disputas internas, demandas legales, y una gobernanza caótica que retrasó su lanzamiento años más de lo prometido. No fue técnicamente una estafa —el proyecto eventualmente se materializó—, pero ilustró cómo incluso las ICOs legítimas operaban con un nivel de disfunción organizativa que sería impensable en cualquier vehículo de inversión regulado.

    Lo que hacía posible el boom de las ICOs era una laguna regulatoria que los promotores explotaron sin pudor. Las ICOs eran, funcionalmente, ofertas de valores no registrados. Pero al denominarse tokens de utilidad en lugar de acciones, y al venderse en criptomonedas en lugar de dólares, los emisores argumentaron que no estaban sujetos a las leyes de valores. Fue un argumento legal endeble que los reguladores tardaron años en desmontar, tiempo suficiente para que la fiebre especulativa hiciera su daño.

    La SEC estadounidense eventualmente comenzó a perseguir las ICOs más flagrantes, imponiendo multas y forzando devoluciones. Pero la aplicación fue selectiva y tardía, dejando a miles de inversores minoristas sin recursos. Las jurisdicciones fuera de Estados Unidos fueron aún más laxas, convirtiendo a Singapur, Suiza, y Malta en paraísos para la recaudación fraudulenta.

    El legado de las ICOs es instructivo. Demostraron que la tecnología blockchain no ofrece ninguna protección contra la estafa más antigua del mundo: prometer más de lo que se puede entregar. Demostraron que la eliminación de intermediarios regulados no empodera al pequeño inversor, sino que lo deja indefenso ante depredadores. Y demostraron que la codicia humana es infinitamente renovable; apenas se cerró el ciclo de las ICOs, la misma dinámica se reprodujo con NFTs, memecoins, y cada nueva iteración del casino cripto.

    El único aprendizaje duradero de las ICOs es uno que debería ser obvio: cuando alguien te ofrece participar en la planta baja de una revolución tecnológica, probablemente estás participando en el sótano de una estafa.

  • Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    La historia de los exchanges de criptomonedas es, fundamentalmente, la historia de una estafa recurrente: plataformas que prometen custodiar los fondos de sus usuarios y que, una y otra vez, los hacen desaparecer. No es un fallo del sistema; es el sistema.

    Mt. Gox fue el primer gran exchange de Bitcoin y también la primera gran catástrofe. Fundado originalmente como una plataforma para intercambiar cartas de Magic: The Gathering —de ahí su nombre: Magic The Gathering Online eXchange—, acabó procesando el 70% de todas las transacciones de Bitcoin del mundo. En febrero de 2014, la plataforma cerró abruptamente tras confesar que había perdido 850.000 bitcoins de sus clientes, valorados entonces en 450 millones de dólares. La explicación oficial fue un hackeo; la realidad, que emergió tras años de litigios, fue una combinación de incompetencia, negligencia y posible fraude interno.

    Lo extraordinario de Mt. Gox no fue el colapso en sí, sino que estableció un patrón que se repetiría incesantemente durante la década siguiente. Los exchanges de criptomonedas operaban —y en gran medida siguen operando— en un limbo regulatorio que les permite hacer cosas que serían impensables para cualquier institución financiera tradicional: mezclar fondos de clientes con fondos propios, invertir depósitos en activos especulativos, operar sin auditorías externas, y ubicarse en jurisdicciones donde la supervisión es inexistente.

    Quadriga, el mayor exchange canadiense, colapsó en 2019 tras la muerte de su fundador, Gerald Cotten, quien supuestamente era el único que conocía las contraseñas de las billeteras frías donde se guardaban los fondos. Resultó que esas billeteras estaban vacías desde hacía tiempo: Cotten había estado operando un esquema Ponzi clásico, pagando retiros con depósitos nuevos. Los 169 millones de dólares que debían a los clientes simplemente no existían.

    El patrón se repitió con Celsius, Voyager, BlockFi, y alcanzó su apoteosis con FTX. Todas estas plataformas compartían características comunes: marketing agresivo, promesas de rendimientos elevados, ausencia total de transparencia sobre sus operaciones internas, y un colapso repentino cuando las condiciones del mercado empeoraron. En todos los casos, los usuarios descubrieron demasiado tarde que sus fondos no estaban donde creían que estaban.

    Binance, el mayor exchange del mundo por volumen de operaciones, representa un capítulo particularmente ilustrativo de la cultura de impunidad del sector. Durante años, Binance operó sin sede legal declarada, presumiendo de su agilidad para evadir reguladores. Su fundador, Changpeng Zhao, cultivó una imagen de rebelde tecnológico enfrentado a burocracias obsoletas. En 2023, Binance y Zhao se declararon culpables de violaciones masivas de las leyes contra el blanqueo de dinero en Estados Unidos, pagando una multa de 4.300 millones de dólares —la mayor en la historia del Departamento del Tesoro—. Zhao dimitió y fue sentenciado a prisión.

    Lo revelador del caso Binance no es que violara la ley —eso era evidente para cualquier observador atento—, sino que tardara tanto en enfrentar consecuencias. Durante años, Binance fue el centro neurálgico del ecosistema cripto, procesando transacciones que incluían desde evasión fiscal hasta financiación del terrorismo, mientras reguladores de todo el mundo miraban hacia otro lado o carecían de herramientas para actuar.

    La estafa de los exchanges no es únicamente una estafa financiera; es una estafa regulatoria. El sector cripto ha invertido enormes recursos en lobby para evitar ser sometido a las mismas normas que aplican a bancos y brókeres tradicionales. El argumento siempre es el mismo: la innovación requiere libertad, la regulación mata la creatividad, el futuro pertenece a los audaces. Lo que ese argumento oculta es que las regulaciones financieras existen precisamente porque, sin ellas, los intermediarios tienden a robar el dinero de sus clientes. No es teoría; es historia, repetida una y otra vez.

    El usuario medio de criptomonedas opera bajo la ilusión de estar participando en un sistema descentralizado y resistente a la censura. La realidad es que la inmensa mayoría de las transacciones pasan por intermediarios centralizados tan opacos como cualquier banco, pero sin ninguna de las protecciones que la regulación bancaria ha construido durante siglos. Cuando tu exchange colapsa, no hay fondo de garantía de depósitos que te rescate. No hay supervisor que haya auditado las cuentas. No hay, en muchos casos, ni siquiera una jurisdicción clara donde presentar una demanda.

    La única protección real en el mundo cripto es asumir que cualquier plataforma centralizada es, hasta que demuestre lo contrario, una estafa en potencia. Es una forma triste de operar en un ecosistema que prometía liberarnos de la necesidad de confiar en intermediarios.

  • Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Existe un momento en toda civilización decadente en que la distinción entre política y espectáculo se disuelve por completo. Ese momento, para Occidente, llegó cuando presidentes en ejercicio comenzaron a lanzar criptomonedas meme para enriquecerse directamente a costa de sus propios votantes. No estamos ante una metáfora del populismo como estafa; estamos ante la estafa literal, desnuda, sin disimulo.

    El 17 de enero de 2025, apenas tres días antes de su segunda investidura, Donald Trump anunció el lanzamiento de $TRUMP, un token digital sin utilidad alguna más allá de la especulación pura. La mecánica era transparente en su obscenidad: el 80% de los tokens quedaba en manos de entidades vinculadas al propio Trump, mientras el 20% restante se lanzaba al público para crear liquidez artificial. En cuestión de horas, la capitalización de mercado alcanzó cifras astronómicas. Los seguidores del presidente electo, convencidos de participar en algo histórico, compraron frenéticamente. Luego vino el desplome.

    Lo que hace única esta estafa es su carácter abiertamente político. Los compradores de $TRUMP no adquirían un activo financiero; compraban una profesión de fe. El token funcionaba como merchandising ideológico, como una gorra MAGA convertida en instrumento especulativo. Y precisamente por eso resultaba tan eficaz: criticar el token equivalía a criticar al líder, lo cual convertía cualquier advertencia en sospechosa de parcialidad política.

    Javier Milei, el presidente argentino que ha hecho del libertarismo de redes sociales su marca personal, protagonizó un episodio aún más grotesco. En febrero de 2025, Milei promocionó activamente el token $LIBRA ante sus millones de seguidores en redes sociales. El patrón fue idéntico al de tantas estafas cripto: pump and dump ejecutado con precisión quirúrgica. El precio se disparó tras el respaldo presidencial; los insiders vendieron en el pico; el valor se desplomó; los pequeños inversores —muchos de ellos argentinos de clase media que confiaban ciegamente en su presidente— perdieron sus ahorros.

    La defensa de Milei fue tan cínica como predecible: él solo había compartido información, no había recomendado invertir, cada adulto es responsable de sus decisiones. Es el mismo argumento que emplean todos los promotores de esquemas fraudulentos, desde los vendedores de crecepelo hasta los gurús de marketing multinivel. La diferencia es que Milei no es un influencer cualquiera; es el jefe de Estado de una nación sumida en crisis económica, cuyos ciudadanos depositan en él una confianza que debería ser sagrada.

    El fenómeno de los memecoins presidenciales revela una verdad incómoda sobre el populismo contemporáneo: la relación entre líder y seguidor se ha transformado en una transacción económica directa. Ya no basta con votar, asistir a mítines o comprar mercancía oficial; ahora se espera que el fiel invierta sus ahorros en vehículos financieros controlados por el propio líder. Es el paso lógico de un sistema que ha convertido la política en entretenimiento y el entretenimiento en extracción de valor.

    Los defensores de estas prácticas argumentan que los tokens meme son transparentes en su inutilidad —nadie promete que $TRUMP cure enfermedades ni que $LIBRA genere dividendos—. Es un argumento que confunde transparencia con honestidad. Cuando un presidente promociona un activo especulativo, está empleando el capital simbólico del cargo para inducir comportamientos financieros en ciudadanos que confían en él. Eso no es libertad de mercado; es abuso de poder con ánimo de lucro.

    La ausencia de consecuencias legales para estos actos es quizá lo más perturbador. En cualquier otro contexto, un ejecutivo que lanzara un token, lo promocionara públicamente y vendiera en el pico enfrentaría cargos por manipulación de mercado. Pero los presidentes operan en una zona gris legal que la regulación financiera no ha sabido abordar. El resultado es una impunidad que invita a la imitación.

    Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo modelo de corrupción digital: directa, pública, gamificada. La estafa ya no necesita ocultarse en paraísos fiscales ni disfrazarse de consultoría; puede ejecutarse a la luz del día, con la bendición de millones de seguidores que celebran cada pump como una victoria tribal. El populismo ha encontrado su forma definitiva de monetización, y los únicos que pagan el precio son los verdaderos creyentes.

  • Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Del whitepaper de Satoshi al colapso de FTX: cómo una idea libertaria se convirtió en casino global

    En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba en un PDF. El 31 de octubre de 2008, una entidad anónima llamada Satoshi Nakamoto publicó un documento técnico de nueve páginas que prometía liberar a la humanidad de la tiranía de los bancos centrales. El whitepaper de Bitcoin era, en su concepción original, un ejercicio de criptografía aplicada al anarcocapitalismo: una moneda sin Estado, sin intermediarios, sin confianza necesaria en instituciones corruptas. Quince años después, aquella utopía libertaria se ha convertido en la estafa más sofisticada de la historia financiera moderna.

    Conviene ser precisos: la tecnología blockchain es real y tiene aplicaciones legítimas. El problema no es la criptografía, sino lo que se ha construido sobre ella. El ecosistema cripto actual se asemeja menos a una revolución monetaria que a un vasto esquema de transferencia de riqueza desde los ingenuos hacia los astutos, desde los tardíos hacia los tempranos, desde los pobres hacia los ya ricos.

    La mecánica de esta estafa opera a varios niveles simultáneos. En el nivel más básico, tenemos la volatilidad estructural: un activo que puede perder el 80% de su valor en meses no es una moneda, es un billete de lotería. Ningún comerciante sensato acepta pagos en un instrumento cuyo valor puede desplomarse mientras procesa la transacción. Bitcoin ha fracasado estrepitosamente como medio de intercambio —su función declarada— y sobrevive únicamente como vehículo especulativo.

    Pero la verdadera estafa reside en la asimetría informativa. Los grandes tenedores de Bitcoin —las ballenas, en la jerga del sector— pueden mover mercados con un solo tweet. Elon Musk demostró esta realidad de forma obscena cuando sus mensajes en redes sociales provocaban oscilaciones de miles de millones de dólares. Mientras tanto, el inversor minorista opera a ciegas, sin las herramientas ni la información necesaria para competir en este casino amañado.

    El colapso de FTX en noviembre de 2022 cristalizó todo lo podrido del ecosistema. Sam Bankman-Fried, el niño prodigio de rizos despeinados que había convencido a reguladores, periodistas y celebridades de que representaba el rostro responsable de las criptomonedas, resultó ser un estafador convencional envuelto en jerga tecnológica. FTX, que llegó a valer 32.000 millones de dólares, era poco más que un esquema Ponzi con servidores: los fondos de los clientes se desviaban sistemáticamente hacia Alameda Research, el hedge fund del propio Bankman-Fried, para financiar inversiones ruinosas, donaciones políticas y un estilo de vida extravagante en las Bahamas.

    Lo más revelador del caso FTX no fue el fraude en sí —los fraudes existen desde que existe el dinero—, sino la complicidad institucional que lo hizo posible. Fondos de inversión reputados como Sequoia Capital y SoftBank invirtieron miles de millones sin realizar una due diligence mínima. Medios de comunicación prestigiosos publicaron perfiles hagiográficos del joven genio altruista. Políticos de ambos partidos en Estados Unidos aceptaron sus donaciones sin hacer preguntas incómodas. La estafa de FTX no fue obra de un solo hombre; fue un fracaso sistémico de todos los mecanismos de control que supuestamente protegen al inversor.

    El argumento más pernicioso de los defensores de las criptomonedas es que los excesos de actores malos no invalidan la tecnología subyacente. Es un argumento técnicamente correcto y profundamente deshonesto. Cuando un ecosistema produce fraudes de forma tan consistente —Mt. Gox, BitConnect, OneCoin, Celsius, Voyager, BlockFi, FTX, y la lista continúa—, el problema no son las manzanas podridas, sino el árbol envenenado. La ausencia de regulación, celebrada como una virtud por los criptolibertarios, es precisamente lo que convierte al sector en un paraíso para estafadores.

    El balance final de quince años de criptomonedas es desolador. No han democratizado las finanzas; han creado una nueva élite de cripto-oligarcas. No han protegido contra la inflación; han destruido más riqueza de la que han generado. No han liberado a nadie de los bancos; han sometido a millones a plataformas infinitamente menos reguladas y más peligrosas. La revolución prometida era, desde el principio, una estafa con pretensiones filosóficas.

  • Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Hay una vieja máxima en el mundo de las finanzas que sostiene que, cuando el dinero fácil abunda, los estafadores florecen. La década que va de 2015 a 2025 ha demostrado que esa máxima se queda corta: cuando el dinero fácil se combina con tecnología incomprensible y regulación inexistente, lo que florece no son estafadores aislados, sino ecosistemas enteros de extracción de riqueza tan sofisticados que sus propias víctimas los defienden con fervor religioso.

    Este ciclo de artículos que comienza hoy nace de una perplejidad. ¿Cómo es posible que sociedades que se precian de su sofisticación financiera —que han desarrollado durante siglos mecanismos para proteger al inversor, que recuerdan con horror la crisis de 2008, que enseñan en sus escuelas de negocios casos de estudio sobre burbujas históricas— hayan caído, colectiva y repetidamente, en estafas cuya arquitectura era visible para cualquiera que quisiera mirar? ¿Cómo explicar que millones de personas entregaran sus ahorros a adolescentes anónimos que prometían revolucionar las finanzas desde apartamentos en las Bahamas? ¿Qué mecanismo psicológico y social permitió que la palabra «descentralizado» funcionara como un conjuro capaz de suspender todo escepticismo?

    La respuesta, sospecho, tiene menos que ver con la tecnología que con algo más antiguo y más humano: la codicia democratizada. Durante décadas, el ciudadano medio observó cómo las élites financieras se enriquecían mediante instrumentos opacos e inaccesibles. La promesa del fintech —de las criptomonedas, de las finanzas descentralizadas, de los tokens y los NFTs— fue que cualquiera podía ahora sentarse a la mesa donde se repartía el botín. Lo que nadie mencionó es que, en esa mesa, el ciudadano medio no era el jugador; era el producto.

    La estafa como fenómeno cultural

    Las estafas que documentaremos comparten una característica que las distingue de los fraudes financieros tradicionales: su dimensión cultural. Bernie Madoff operaba en la sombra, cultivando la exclusividad y el secretismo. Los estafadores del fintech operan a plena luz, con podcasts, cuentas de Twitter verificadas, conferencias en Dubai y entrevistas en medios respetables. No se esconden; se exhiben.

    Esta visibilidad no es accidental. Es parte integral del mecanismo de la estafa. Cuando un emprendedor de 28 años posa en la portada de Forbes junto a titulares sobre su genialidad disruptiva, cuando un expresidente de Estados Unidos aparece en un anuncio del Super Bowl promocionando criptomonedas, cuando casas de subastas centenarias venden JPEGs de simios por millones de dólares, el mensaje implícito es que esto es legítimo. La estafa contemporánea no necesita ocultarse porque ha sido normalizada, integrada en el tejido de la cultura mainstream, bendecida por instituciones que deberían saber mejor.

    El resultado es una inversión perversa de la carga de la prueba. Quien señala que el emperador está desnudo —que los rendimientos son insostenibles, que los tokens carecen de valor intrínseco, que los fundadores tienen antecedentes dudosos— es descartado como un aguafiestas tecnófobo, un representante del viejo mundo incapaz de comprender el nuevo paradigma. La estafa se protege a sí misma mediante una comunidad de creyentes que atacan viciosamente cualquier heterodoxia.

  • CaixaBank se suma a la revolución cripto: Nuevos servicios financieros digitales para 2025

    CaixaBank se suma a la revolución cripto: Nuevos servicios financieros digitales para 2025

    CaixaBank se suma a BBVA y Santander y ultima su oferta de criptomonedas para 2025, con la entrada en vigor de MiCA, la ley europea de criptoactivos, que dará a las entidades financieras un marco regulado para ofrecer criptoactivos a sus 18 millones de clientes.

    El banco prevé que el público más interesado será el grupo de jóvenes inversores con interés en tecnología, especulándose que podría ofertar criptoactivos a través de Imagin, el banco online orientado a menores de 30 años que cuenta con 4,3 millones de usuarios.

    En el marco del nuevo Plan Estratégico 2025-2027, CaixaBank pretende acelerar las inversiones en IT para impulsar el crecimiento del negocio, invirtiendo 1.368 millones en tecnología y desarrollo durante 2024, un 8,3% más respecto al año anterior.

    Esta transformación digital posiciona a CaixaBank a la vanguardia de la innovación financiera en España, combinando la seguridad de la banca tradicional con las oportunidades del ecosistema cripto, estableciendo nuevos estándares en servicios financieros digitales para satisfacer las demandas de la nueva generación de inversores.

  • Detenido y encarcelado el bróker acusado de una estafa de 280 millones en bitcoins

    Detenido y encarcelado el bróker acusado de una estafa de 280 millones en bitcoins

    El pasado lunes, 7 d ejunio, ha sido detenido en Torrox el bróker Javier Biosca, acusado de una estafa piramidal en la que podría haber hasta 4000 afectados y miles de millones de euros, si bien la acusación hasta el momento la forman 600 personas que invirtieron alrededor de 280 euros.

    Biosca, que huyó en un jet privado a Guinea-Bisáu junto a un grupo de apoyo y de confianza, dejando en Marbella a su mujer y a su hijo, como si se tratase de una serie de Netflix o HBO sobre mafia y corrupción, se encuentra en estos momentos en prisión provisional comunicada y sin fianza por orden del Juzgado Central de Instrucción 1 de Málaga.

    El  juez Santiago Pedraz ha señalado que hay riesgo de que tanto él como su entorno pudieran «eludir la acción de la justicia» destruyendo «elementos probatorios aún pendientes de analizar y de localizar».

    Pedraz señala que «ha quedado indiciariamente que Javier Biosca Rodríguez se presentaba como bróker especialista en el mercado de criptomonedas desde hace más de cinco años, y se dedica a la inversión por cuenta ajena de capitales para la obtención de rendimientos por medio de la compraventa de criptomonedas, mientras que los inversores tenían como misión poner a disposición del bróker euros y/o bitcoins para la obtención de un rendimiento mensual convenido en el contrato entre ambos».

    La estafa piramidal de Algorithmics Group Ltd

    La abogada Emilia Zaballos, ocia directora de Zaballos Abogados y presidenta de la Asociación de Afectados por Inversiones en Criptomonedas, ha narrado a Business Insider que la primera ocasión en la que Biosca compra divisas digitales es después de que su madre le dé dinero en metálico obtenido tras empeñar sus joyas.

    Más adelante, consigue una cantidad de unos cuantos inversores con un 20% y un 25% semanal, dándoles la opción de recuperarlos o reinvertirlos y haciéndoles transferencias bancarias en el caso de que optasen por lo segundo.

    El boca a boca hizo el resto y Biosca se vio pronto con 500 inversores. Es entonces cuando alquila un chalé en Marbella pagando los 180.000 euros anuales por adelantado para acercarse agrandes clientes para su negocio.

    El perfil de las víctimas de esta estafa es variopinto: inspectores de Hacienda, policías, jueces, notarios, abogados, personal de limpieza y vigilancia… «un 3% supera los 500.000 euros de capital inicial, un 2% entre 1,5 y 2 millones de euros y el 95% restante con cantidades más pequeñas, desde 1000 a 50000 euros», conseguidos pidiendo préstamos o hipotecando su piso.

    A comienzos de 2020 comienzan las irregularidades y el incumplimiento de los pagos, y ya en octubre se dejan de abonar las cantidades, levantando la liebre de este fraude en modalidad de esquema de Ponzi o piramidal y empiezan las denuncias.

    Ahora que ha sido detenido, se espera proseguir con la investigación y que se sumen más víctimas de esta estafa a la causa.

    La CNMV señala que se trataba de un chiringuito financiero y el Banco de España también lo sabía, según indica Zaballos, por lo que la batalla está también en buscar una regulación de las criptomonedas, uno de los objetivos de la Fundación Zaballos para la Defensa de los Derechos Constitucionales.

  • Seleccionados para la segunda fase del sandbox

    Seleccionados para la segunda fase del sandbox

    La Secretaría General del Tesoro y Financiación Internacional ha publicado el listado de proyectos que han recibido evaluación previa favorable para el acceso al ‘sandbox’ financiero en la primera convocatoria.

    Esta selección se ha hecho con base en los informes de evaluación elaborados por los supervisores financieros, que han analizado los proyectos presentados atendiendo a los requisitos de la Ley 7/2020 para la transformación digital del sector financiero.

    Grado de madurez de los seleccionados

    En esta primera convocatoria se recibieron un total de 67 solicitudes, de las cuales 18 han recibido una evaluación previa favorable, lo que supone una tasa de aceptación superior al 25%. Según informa el Gobierno de España en un comunicado, este porcentaje de aceptación pone de manifiesto el «grado de madurez» de los proyectos presentados y hace del ‘sandbox’ financiero español «uno de los más ambiciosos a nivel internacional».

    Los proyectos que no han recibido una evaluación previa favorable en esta convocatoria debido, entre otros motivos, a que su estado de desarrollo no estaba lo suficientemente avanzado para poder probarse, podrán volver a presentarse a las sucesivas convocatorias. En concreto, se espera que la Secretaría General del Tesoro y Financiación Internacional haga pública una Resolución el 15 de junio abriendo el plazo para la presentación de proyectos a la segunda convocatoria previsiblemente a partir del 1 de septiembre.

    Los seleccionados

    Entre los dieciocho proyectos seleccionados se encuentran dos de CaixaBank: Identificación biométrica aplicada a la seguridad y la prevención del blanqueo de capitales en oficinas y canales digitales y Dailon.

    El primero, con Veridas y ElectronicID como partners tecnológicos, propone vincular a los procesos de alta de clientes, sean estos en oficinas o a través de canales digitales, el consentimiento del tratamiento de los datos biométricos. El objetivo es demostrar ante los supervisores financieros y de protección de datos que, a través del tratamiento de datos biométricos, se puede ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario al cliente, con un proceso de alta más rápido y sencillo, así como avanzar en eficacia en la prevención del blanqueo de capitales, financiación del terrorismo y control del fraude.

    El segundo, colaboración de CaixaBank con Banca March, Banco Santander, Generali, Inetum, Liberbank, Línea Directa Aseguradora, MAPFRE y Repsol, se basa en tecnología blockchain. Pretende generar una solución que permita al usuario disponer de una única identidad digital autogestionada, en un entorno seguro y fiable, para gestionar la cesión de datos a diferentes entidades y organizaciones a través de una aplicación en el dispositivo móvil y facilitar trámites, como rellenar automáticamente formularios en la contratación de servicios.

    Entre los seleccionados también se encuentra otro proyecto del Banco Santandersobre custodia digital en blockchain, que permite el sellado de tiempo de contratos y documentos firmados por clientes con garantía de integridad documental (por ejemplo, el contrato de apertura de una cuenta bancaria) en un registro distribuido como blockchain.

    De BBVA ha sido elegida la iniciativa Innovación en el proceso de contratación online de préstamos al consumo para permitir ofrecer una financiación atractiva de una manera mucho más fácil y sencilla.

    Otros proyectos son Cobertoo, un seguro móvil que apuesta por la economía colaborativa y la total transparencia; EurocoinPay, una aplicación que permite poder pagar cualquier servicio o producto con la criptomoneda que se desee; Emisión y custodia de participaciones tokenizadas de un fondo de inversión, de Allfunds y Renta 4; Seguro de Decesos Inteligente, de Mi Legado Digital, cuyo objetivo es atraer a las nuevas generaciones.

    En general, se puede señalar que la tecnología blockchain ha tenido mucho éxito en esta convocatoria, con el 50% de los proyectos seleccionados referidos a la misma.

    En las próximas semanas, la Secretaría General del Tesoro y Financiación Internacional hará públicas guías para facilitar la presentación de nuevos proyectos a sucesivas convocatorias del ‘sandbox’, aprovechando las lecciones aprendidas en esta primera cohorte.

  • Investigado por la mayor trama de estafa piramidal con criptomonedas

    Investigado por la mayor trama de estafa piramidal con criptomonedas

    La Audiencia Nacional está investigando una nueva trama de estafa con criptomonedas, y esta vez el investigado es Santiago Fuentes Jover, que podría haber cometido los delitos de estafa agravada, organización criminal y delito continuado de falsificación en documento mercantil, según informa Facua-Consumidores en Acción.

    José Luis Calama, juez de la Audiencia Nacional, ha aceptado la inhibición de un juzgado de Arona, en Tenerife, para investigar la inversión con criptomoneda a través de la empresa Arbistar 2.0 SL, que podría ser la mayor estafa piramidal de este tipo que se ha producido en nuestro país, con un número de víctimas que oscila entre las 1.127 oficiales y a las 32.000 del número de cuentas afectadas.

    El juez señala que la competencia de la Audiencia Nacional para esta investigación se justifica en esta cifra de afectados y en su distribución por el territorio de más de 30 audiencias provinciales, así como el perjuicio patrimonial.

    Arbistar, que supuestamente se habría apropiado de entre 41 y 100 millones de euros de los inversores, prometía beneficios de entre el 8% y el 15% mensual, pagando semanalmente los sábados y otorgando la posibilidad de sumar las rentabilidades u optar por el reembolso.

    «Pero lo que esta trama hizo presuntamente fue utilizar una parte del dinero obtenido de los inversores para entregarlo a otros inversores anteriores en pago de los altos intereses convenidos, lo cual generaba una gran confianza en ellos acerca de que su inversión era segura y muy rentable, de suerte tal que ellos mismos se incentivaban para invertir una mayor cantidad de dinero con la esperanza de obtener un beneficio aún mayor», relata la resolución del juez.

    La estafa piramidal se daba a través del «Plan amigo» para que los clientes incluyesen a nuevos clientes con la promesa de una compensación, lo que hizo crecer a la empresa de manera exponencial.

    La trama se destapó después de que en agosto de 2020 varios inversores solicitaran la retirada de fondos sin que sus solicitudes fueran atendidas.