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  • Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Del whitepaper de Satoshi al colapso de FTX: cómo una idea libertaria se convirtió en casino global

    En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba en un PDF. El 31 de octubre de 2008, una entidad anónima llamada Satoshi Nakamoto publicó un documento técnico de nueve páginas que prometía liberar a la humanidad de la tiranía de los bancos centrales. El whitepaper de Bitcoin era, en su concepción original, un ejercicio de criptografía aplicada al anarcocapitalismo: una moneda sin Estado, sin intermediarios, sin confianza necesaria en instituciones corruptas. Quince años después, aquella utopía libertaria se ha convertido en la estafa más sofisticada de la historia financiera moderna.

    Conviene ser precisos: la tecnología blockchain es real y tiene aplicaciones legítimas. El problema no es la criptografía, sino lo que se ha construido sobre ella. El ecosistema cripto actual se asemeja menos a una revolución monetaria que a un vasto esquema de transferencia de riqueza desde los ingenuos hacia los astutos, desde los tardíos hacia los tempranos, desde los pobres hacia los ya ricos.

    La mecánica de esta estafa opera a varios niveles simultáneos. En el nivel más básico, tenemos la volatilidad estructural: un activo que puede perder el 80% de su valor en meses no es una moneda, es un billete de lotería. Ningún comerciante sensato acepta pagos en un instrumento cuyo valor puede desplomarse mientras procesa la transacción. Bitcoin ha fracasado estrepitosamente como medio de intercambio —su función declarada— y sobrevive únicamente como vehículo especulativo.

    Pero la verdadera estafa reside en la asimetría informativa. Los grandes tenedores de Bitcoin —las ballenas, en la jerga del sector— pueden mover mercados con un solo tweet. Elon Musk demostró esta realidad de forma obscena cuando sus mensajes en redes sociales provocaban oscilaciones de miles de millones de dólares. Mientras tanto, el inversor minorista opera a ciegas, sin las herramientas ni la información necesaria para competir en este casino amañado.

    El colapso de FTX en noviembre de 2022 cristalizó todo lo podrido del ecosistema. Sam Bankman-Fried, el niño prodigio de rizos despeinados que había convencido a reguladores, periodistas y celebridades de que representaba el rostro responsable de las criptomonedas, resultó ser un estafador convencional envuelto en jerga tecnológica. FTX, que llegó a valer 32.000 millones de dólares, era poco más que un esquema Ponzi con servidores: los fondos de los clientes se desviaban sistemáticamente hacia Alameda Research, el hedge fund del propio Bankman-Fried, para financiar inversiones ruinosas, donaciones políticas y un estilo de vida extravagante en las Bahamas.

    Lo más revelador del caso FTX no fue el fraude en sí —los fraudes existen desde que existe el dinero—, sino la complicidad institucional que lo hizo posible. Fondos de inversión reputados como Sequoia Capital y SoftBank invirtieron miles de millones sin realizar una due diligence mínima. Medios de comunicación prestigiosos publicaron perfiles hagiográficos del joven genio altruista. Políticos de ambos partidos en Estados Unidos aceptaron sus donaciones sin hacer preguntas incómodas. La estafa de FTX no fue obra de un solo hombre; fue un fracaso sistémico de todos los mecanismos de control que supuestamente protegen al inversor.

    El argumento más pernicioso de los defensores de las criptomonedas es que los excesos de actores malos no invalidan la tecnología subyacente. Es un argumento técnicamente correcto y profundamente deshonesto. Cuando un ecosistema produce fraudes de forma tan consistente —Mt. Gox, BitConnect, OneCoin, Celsius, Voyager, BlockFi, FTX, y la lista continúa—, el problema no son las manzanas podridas, sino el árbol envenenado. La ausencia de regulación, celebrada como una virtud por los criptolibertarios, es precisamente lo que convierte al sector en un paraíso para estafadores.

    El balance final de quince años de criptomonedas es desolador. No han democratizado las finanzas; han creado una nueva élite de cripto-oligarcas. No han protegido contra la inflación; han destruido más riqueza de la que han generado. No han liberado a nadie de los bancos; han sometido a millones a plataformas infinitamente menos reguladas y más peligrosas. La revolución prometida era, desde el principio, una estafa con pretensiones filosóficas.

  • RSC: Fundación Bancaria la Caixa, El Corte Inglés y Telefónica, líderes

    RSC: Fundación Bancaria la Caixa, El Corte Inglés y Telefónica, líderes

    Las empresas españolas que lideran la Responsabilidad Social Corporativa RSC en España son Fundación Bancaria la Caixa, El Corte Inglés, Telefónica, CaixaBank, Inditex, Mercadona, Cellnex Telecom, Banco Santander y Danone, según un estudio llevado a cabo por la consultora Advice Strategic Consultants para Europa Press.

    El informe, además de analizar las empresas del Ibex 35, ha investigado otras compañías y fundaciones, ONG y organizaciones sociales, entre las que destacan también la Caixa, Cáritas y ONCE.

    Análisis de RSC

    Se trata de un estudio muy amplio en el que han participado 189 expertos en RSC de todo el país, 1.000 líderes de opinión, 2.800 pymes y autónomos segmentados por criterios del Instituto Nacional de Estadística (INE) y 2.400 personas conforme al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

    Estos han analizado cien factores de RSC agrupados en diez atributos. En la mayor parte de ellos ha resultado la Caixa líder del ranking.

    La Caixa y la RSC

    Fundación La Caixa lidera el parámetro «Ayuda en la lucha contra la pobreza infantil y en el tercer mundo», con una puntuación media de ocho sobre diez, seguida de Iberdrola, Telefónica e Inditex, todas ellas con una valoración de 6,3.

    Otro de los factores en los que también resulta clara vencedora es » Fomento del empleo de personas en situación de vulnerabilidad», con 7,8, seguida de El Corte Inglés e Inditex, ambas con una valoración de 6,5.

    » Apoyo a actividades de voluntariado», » Facilitación al acceso a la vivienda», » Apoyo a la divulgación del arte y la cultura», «Atención a las personas con enfermedades avanzadas» o «Promoción del avance científico» son otros de los ítem en los que la Caixa destaca, junto con otras entidades como Inditex, Iberdrola, BBVA, Banco Santander, Mapfre, Iberia, Mercadona, etc.

    «Impulso a actividades emprendedoras» es uno de los campos donde la Caixa no resulta líder, pues lo encabezan Telefónica y Mercadona, seguidas de Bankia.

    Lo mismo sucede en «Apoyo a la integración digital promoviendo la igualdad de oportunidades y apoyo a la transformación digital», donde Telefónica es la compañía mejor valorada. Detrás de ella siguen BBVA y Vodafone.

    RSC por sectores

    La Caixa lidera el sector terciario, mientras que CaixaBank encabeza el sector de la banca; Abertis, el de infraestructuras; Mapfre, seguros; Danone, el sector de alimentación; Telefónica, el de Telecomunicaciones; y El Corte Inglés, el de Gran distribución y Retail.

    En el ámbito de las TIC destaca HP en Hardware, Cisco en Networking, Amazon en Internet, HPE en Software y Symantec en Ciberseguridad. Por otra parte, Seat lidera el área de la automoción, mientras que Melia Hotels International encabeza el de Turismo e Iberdrola, el de Energía.

    La RSC, en auge

    La RSC ha pasado en los últimos diez años de ser algo prácticamente desconocido para muchas personas a estar entre los tres primeros parámetros que se valoran a la hora de juzgar una empresa española, detrás del éxito y la excelencia en el trato a los clientes.

    Resulta sorprendente que la RSC se haya posicionado en cuanto a interés por delante de la calidad de los productos y servicios, la generación de empleo y el trato a los empleados.

    El 82% de los encuestados creen que una empresa con una gran RSC tiene más posibilidades de conseguir éxito.