Categoría: Estafa

  • Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Existe un momento en toda civilización decadente en que la distinción entre política y espectáculo se disuelve por completo. Ese momento, para Occidente, llegó cuando presidentes en ejercicio comenzaron a lanzar criptomonedas meme para enriquecerse directamente a costa de sus propios votantes. No estamos ante una metáfora del populismo como estafa; estamos ante la estafa literal, desnuda, sin disimulo.

    El 17 de enero de 2025, apenas tres días antes de su segunda investidura, Donald Trump anunció el lanzamiento de $TRUMP, un token digital sin utilidad alguna más allá de la especulación pura. La mecánica era transparente en su obscenidad: el 80% de los tokens quedaba en manos de entidades vinculadas al propio Trump, mientras el 20% restante se lanzaba al público para crear liquidez artificial. En cuestión de horas, la capitalización de mercado alcanzó cifras astronómicas. Los seguidores del presidente electo, convencidos de participar en algo histórico, compraron frenéticamente. Luego vino el desplome.

    Lo que hace única esta estafa es su carácter abiertamente político. Los compradores de $TRUMP no adquirían un activo financiero; compraban una profesión de fe. El token funcionaba como merchandising ideológico, como una gorra MAGA convertida en instrumento especulativo. Y precisamente por eso resultaba tan eficaz: criticar el token equivalía a criticar al líder, lo cual convertía cualquier advertencia en sospechosa de parcialidad política.

    Javier Milei, el presidente argentino que ha hecho del libertarismo de redes sociales su marca personal, protagonizó un episodio aún más grotesco. En febrero de 2025, Milei promocionó activamente el token $LIBRA ante sus millones de seguidores en redes sociales. El patrón fue idéntico al de tantas estafas cripto: pump and dump ejecutado con precisión quirúrgica. El precio se disparó tras el respaldo presidencial; los insiders vendieron en el pico; el valor se desplomó; los pequeños inversores —muchos de ellos argentinos de clase media que confiaban ciegamente en su presidente— perdieron sus ahorros.

    La defensa de Milei fue tan cínica como predecible: él solo había compartido información, no había recomendado invertir, cada adulto es responsable de sus decisiones. Es el mismo argumento que emplean todos los promotores de esquemas fraudulentos, desde los vendedores de crecepelo hasta los gurús de marketing multinivel. La diferencia es que Milei no es un influencer cualquiera; es el jefe de Estado de una nación sumida en crisis económica, cuyos ciudadanos depositan en él una confianza que debería ser sagrada.

    El fenómeno de los memecoins presidenciales revela una verdad incómoda sobre el populismo contemporáneo: la relación entre líder y seguidor se ha transformado en una transacción económica directa. Ya no basta con votar, asistir a mítines o comprar mercancía oficial; ahora se espera que el fiel invierta sus ahorros en vehículos financieros controlados por el propio líder. Es el paso lógico de un sistema que ha convertido la política en entretenimiento y el entretenimiento en extracción de valor.

    Los defensores de estas prácticas argumentan que los tokens meme son transparentes en su inutilidad —nadie promete que $TRUMP cure enfermedades ni que $LIBRA genere dividendos—. Es un argumento que confunde transparencia con honestidad. Cuando un presidente promociona un activo especulativo, está empleando el capital simbólico del cargo para inducir comportamientos financieros en ciudadanos que confían en él. Eso no es libertad de mercado; es abuso de poder con ánimo de lucro.

    La ausencia de consecuencias legales para estos actos es quizá lo más perturbador. En cualquier otro contexto, un ejecutivo que lanzara un token, lo promocionara públicamente y vendiera en el pico enfrentaría cargos por manipulación de mercado. Pero los presidentes operan en una zona gris legal que la regulación financiera no ha sabido abordar. El resultado es una impunidad que invita a la imitación.

    Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo modelo de corrupción digital: directa, pública, gamificada. La estafa ya no necesita ocultarse en paraísos fiscales ni disfrazarse de consultoría; puede ejecutarse a la luz del día, con la bendición de millones de seguidores que celebran cada pump como una victoria tribal. El populismo ha encontrado su forma definitiva de monetización, y los únicos que pagan el precio son los verdaderos creyentes.

  • Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Del whitepaper de Satoshi al colapso de FTX: cómo una idea libertaria se convirtió en casino global

    En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba en un PDF. El 31 de octubre de 2008, una entidad anónima llamada Satoshi Nakamoto publicó un documento técnico de nueve páginas que prometía liberar a la humanidad de la tiranía de los bancos centrales. El whitepaper de Bitcoin era, en su concepción original, un ejercicio de criptografía aplicada al anarcocapitalismo: una moneda sin Estado, sin intermediarios, sin confianza necesaria en instituciones corruptas. Quince años después, aquella utopía libertaria se ha convertido en la estafa más sofisticada de la historia financiera moderna.

    Conviene ser precisos: la tecnología blockchain es real y tiene aplicaciones legítimas. El problema no es la criptografía, sino lo que se ha construido sobre ella. El ecosistema cripto actual se asemeja menos a una revolución monetaria que a un vasto esquema de transferencia de riqueza desde los ingenuos hacia los astutos, desde los tardíos hacia los tempranos, desde los pobres hacia los ya ricos.

    La mecánica de esta estafa opera a varios niveles simultáneos. En el nivel más básico, tenemos la volatilidad estructural: un activo que puede perder el 80% de su valor en meses no es una moneda, es un billete de lotería. Ningún comerciante sensato acepta pagos en un instrumento cuyo valor puede desplomarse mientras procesa la transacción. Bitcoin ha fracasado estrepitosamente como medio de intercambio —su función declarada— y sobrevive únicamente como vehículo especulativo.

    Pero la verdadera estafa reside en la asimetría informativa. Los grandes tenedores de Bitcoin —las ballenas, en la jerga del sector— pueden mover mercados con un solo tweet. Elon Musk demostró esta realidad de forma obscena cuando sus mensajes en redes sociales provocaban oscilaciones de miles de millones de dólares. Mientras tanto, el inversor minorista opera a ciegas, sin las herramientas ni la información necesaria para competir en este casino amañado.

    El colapso de FTX en noviembre de 2022 cristalizó todo lo podrido del ecosistema. Sam Bankman-Fried, el niño prodigio de rizos despeinados que había convencido a reguladores, periodistas y celebridades de que representaba el rostro responsable de las criptomonedas, resultó ser un estafador convencional envuelto en jerga tecnológica. FTX, que llegó a valer 32.000 millones de dólares, era poco más que un esquema Ponzi con servidores: los fondos de los clientes se desviaban sistemáticamente hacia Alameda Research, el hedge fund del propio Bankman-Fried, para financiar inversiones ruinosas, donaciones políticas y un estilo de vida extravagante en las Bahamas.

    Lo más revelador del caso FTX no fue el fraude en sí —los fraudes existen desde que existe el dinero—, sino la complicidad institucional que lo hizo posible. Fondos de inversión reputados como Sequoia Capital y SoftBank invirtieron miles de millones sin realizar una due diligence mínima. Medios de comunicación prestigiosos publicaron perfiles hagiográficos del joven genio altruista. Políticos de ambos partidos en Estados Unidos aceptaron sus donaciones sin hacer preguntas incómodas. La estafa de FTX no fue obra de un solo hombre; fue un fracaso sistémico de todos los mecanismos de control que supuestamente protegen al inversor.

    El argumento más pernicioso de los defensores de las criptomonedas es que los excesos de actores malos no invalidan la tecnología subyacente. Es un argumento técnicamente correcto y profundamente deshonesto. Cuando un ecosistema produce fraudes de forma tan consistente —Mt. Gox, BitConnect, OneCoin, Celsius, Voyager, BlockFi, FTX, y la lista continúa—, el problema no son las manzanas podridas, sino el árbol envenenado. La ausencia de regulación, celebrada como una virtud por los criptolibertarios, es precisamente lo que convierte al sector en un paraíso para estafadores.

    El balance final de quince años de criptomonedas es desolador. No han democratizado las finanzas; han creado una nueva élite de cripto-oligarcas. No han protegido contra la inflación; han destruido más riqueza de la que han generado. No han liberado a nadie de los bancos; han sometido a millones a plataformas infinitamente menos reguladas y más peligrosas. La revolución prometida era, desde el principio, una estafa con pretensiones filosóficas.

  • Las NFTs y la mercantilización del vacío

    Las NFTs y la mercantilización del vacío

    Hubo un tiempo, no tan lejano, en que un archivo JPEG de un simio aburrido podía valer más que un piso en el centro de Madrid. Aquel tiempo —digámoslo sin ambages— fue el de una estafa colectiva tan fascinante como vergonzante, un episodio que historiadores económicos y críticos culturales estudiarán durante décadas como ejemplo paradigmático de la irracionalidad de los mercados y la degradación del concepto mismo de arte.

    Las NFTs (Non-Fungible Tokens) irrumpieron en el imaginario colectivo prometiendo una revolución en la propiedad digital. La promesa era seductora: por primera vez, gracias a la tecnología blockchain, sería posible poseer de forma verificable un objeto digital único. Los evangelistas del sector —esa peculiar casta de tech bros reconvertidos en filósofos de la escasez artificial— nos aseguraron que estábamos presenciando el nacimiento de un nuevo paradigma. Lo que presenciamos, en realidad, fue el nacimiento de una burbuja especulativa construida sobre los cimientos de la ignorancia tecnológica y la avaricia más primitiva.

    Desde el punto de vista económico, el mercado de NFTs exhibió todas las características clásicas de una estafa piramidal apenas disimulada. El mecanismo era elegante en su simplicidad: los primeros inversores compraban a precios bajos, generaban hype artificial en redes sociales —especialmente Twitter, esa cloaca dorada del capitalismo digital—, y vendían a recién llegados deslumbrados por la promesa de rendimientos estratosféricos. El mayor beneficiado no era el artista ni el coleccionista, sino el intermediario: las plataformas de intercambio que cobraban comisiones por cada transacción y los influencers que recibían pagos opacos por promocionar colecciones destinadas al fracaso.

    Los números, cuando finalmente llegó el colapso, fueron elocuentes. Según diversos análisis, más del 95% de las colecciones de NFTs carecen hoy de cualquier valor de mercado. Millones de compradores descubrieron, demasiado tarde, que aquello que habían adquirido no era una obra de arte ni una inversión, sino un certificado de propiedad sobre la nada. Porque conviene recordar una verdad incómoda que los promotores de esta estafa ocultaron sistemáticamente: comprar un NFT no otorga derechos sobre la imagen, ni impide que cualquiera pueda copiarla, ni garantiza siquiera que el enlace al archivo siga funcionando dentro de cinco años.

    Desde la perspectiva artística, el fenómeno NFT representa algo quizá más perturbador: la rendición definitiva del arte ante la lógica del capital. El valor de una obra dejó de estar vinculado a su capacidad de conmovernos, provocarnos o hacernos pensar. El único criterio relevante pasó a ser su potencial de revalorización. Los Bored Apes, los CryptoPunks y sus infinitas imitaciones no pretendían ser arte; pretendían ser activos especulativos con la estética del arte, que es algo muy distinto.

    Esta estafa estética tuvo cómplices ilustres. Casas de subastas centenarias como Christie’s y Sotheby’s legitimaron el mercado de NFTs con ventas millonarias, prestando su reputación institucional a lo que era, esencialmente, un casino digital. Celebrities de toda índole —desde Paris Hilton hasta figuras del deporte profesional— promocionaron colecciones sin revelar sus intereses económicos, en lo que constituye un ejemplo de libro de manipulación de mercado.

    El colapso era inevitable y llegó con la violencia propia de todas las burbujas. Cuando la Reserva Federal comenzó a subir los tipos de interés y el dinero fácil empezó a escasear, el mercado de NFTs se desplomó. La liquidez se evaporó de un día para otro, dejando a miles de inversores minoristas atrapados con activos invendibles. Los grandes operadores, por supuesto, ya habían abandonado el barco.

    Lo verdaderamente trágico de esta estafa no es el dinero perdido —aunque las cifras sean astronómicas—, sino el daño infligido a la confianza en la intersección entre tecnología y cultura. Existían, y existen, aplicaciones legítimas de la tecnología blockchain en el mundo del arte: trazabilidad de obras, gestión de derechos, nuevas formas de mecenazgo. Todas ellas han quedado contaminadas por el espectáculo grotesco de los simios pixelados y los millones evaporados.

    La historia de las NFTs nos deja una lección que deberíamos grabar en piedra: cuando alguien te promete que has llegado temprano a una revolución financiera, probablemente has llegado tarde a una estafa.

  • Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Hay una vieja máxima en el mundo de las finanzas que sostiene que, cuando el dinero fácil abunda, los estafadores florecen. La década que va de 2015 a 2025 ha demostrado que esa máxima se queda corta: cuando el dinero fácil se combina con tecnología incomprensible y regulación inexistente, lo que florece no son estafadores aislados, sino ecosistemas enteros de extracción de riqueza tan sofisticados que sus propias víctimas los defienden con fervor religioso.

    Este ciclo de artículos que comienza hoy nace de una perplejidad. ¿Cómo es posible que sociedades que se precian de su sofisticación financiera —que han desarrollado durante siglos mecanismos para proteger al inversor, que recuerdan con horror la crisis de 2008, que enseñan en sus escuelas de negocios casos de estudio sobre burbujas históricas— hayan caído, colectiva y repetidamente, en estafas cuya arquitectura era visible para cualquiera que quisiera mirar? ¿Cómo explicar que millones de personas entregaran sus ahorros a adolescentes anónimos que prometían revolucionar las finanzas desde apartamentos en las Bahamas? ¿Qué mecanismo psicológico y social permitió que la palabra «descentralizado» funcionara como un conjuro capaz de suspender todo escepticismo?

    La respuesta, sospecho, tiene menos que ver con la tecnología que con algo más antiguo y más humano: la codicia democratizada. Durante décadas, el ciudadano medio observó cómo las élites financieras se enriquecían mediante instrumentos opacos e inaccesibles. La promesa del fintech —de las criptomonedas, de las finanzas descentralizadas, de los tokens y los NFTs— fue que cualquiera podía ahora sentarse a la mesa donde se repartía el botín. Lo que nadie mencionó es que, en esa mesa, el ciudadano medio no era el jugador; era el producto.

    La estafa como fenómeno cultural

    Las estafas que documentaremos comparten una característica que las distingue de los fraudes financieros tradicionales: su dimensión cultural. Bernie Madoff operaba en la sombra, cultivando la exclusividad y el secretismo. Los estafadores del fintech operan a plena luz, con podcasts, cuentas de Twitter verificadas, conferencias en Dubai y entrevistas en medios respetables. No se esconden; se exhiben.

    Esta visibilidad no es accidental. Es parte integral del mecanismo de la estafa. Cuando un emprendedor de 28 años posa en la portada de Forbes junto a titulares sobre su genialidad disruptiva, cuando un expresidente de Estados Unidos aparece en un anuncio del Super Bowl promocionando criptomonedas, cuando casas de subastas centenarias venden JPEGs de simios por millones de dólares, el mensaje implícito es que esto es legítimo. La estafa contemporánea no necesita ocultarse porque ha sido normalizada, integrada en el tejido de la cultura mainstream, bendecida por instituciones que deberían saber mejor.

    El resultado es una inversión perversa de la carga de la prueba. Quien señala que el emperador está desnudo —que los rendimientos son insostenibles, que los tokens carecen de valor intrínseco, que los fundadores tienen antecedentes dudosos— es descartado como un aguafiestas tecnófobo, un representante del viejo mundo incapaz de comprender el nuevo paradigma. La estafa se protege a sí misma mediante una comunidad de creyentes que atacan viciosamente cualquier heterodoxia.

  • Claves para invertir con seguridad: Guía definitiva del Banco de España para evitar estafas

    Claves para invertir con seguridad: Guía definitiva del Banco de España para evitar estafas

    El Banco de España y la CNMV publican regularmente guías esenciales con claves para invertir y proteger el ahorro de los españoles ante el creciente número de estafas financieras y chiringuitos no autorizados. Estas instituciones identifican las señales de alarma que todo inversor debe conocer para evitar perder sus ahorros en productos fraudulentos.

    Las promesas de rentabilidades extraordinarias sin riesgo constituyen la primera señal de alarma. Los expertos advierten que cualquier inversión que garantice beneficios superiores al 10-15% anual debe ser analizada con extrema cautela, especialmente si no está respaldada por entidades registradas oficialmente.

    La verificación de autorizaciones resulta fundamental: toda entidad que ofrezca servicios de inversión debe estar inscrita en los registros oficiales de la CNMV. Los inversores pueden consultar gratuitamente estas bases de datos antes de confiar su dinero a cualquier intermediario financiero.

    Los productos más utilizados por estafadores incluyen criptomonedas, forex, CFDs y materias primas, presentados através de plataformas web aparentemente profesionales. La regla de oro consiste en no invertir nunca en productos que no se comprenden completamente y siempre diversificar las inversiones. El conocimiento financiero y la prudencia siguen siendo las mejores defensas contra el fraude en un entorno donde la sofisticación de las estafas crece constantemente.

  • CNMV alerta sobre nuevas estafas financieras en WhatsApp: Cómo protegerte en 2025

    CNMV alerta sobre nuevas estafas financieras en WhatsApp: Cómo protegerte en 2025

    La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha alertado sobre la proliferación de fraudes financieros a través de grupos de WhatsApp que ofrecen formación y recomendaciones de inversión de supuestos expertos, una modalidad que ha crecido exponencialmente durante 2025.

    Los estafadores suplantan identidades de personas reconocidas o entidades financieras registradas para ganar credibilidad, recomendando inversiones en acciones de pequeña capitalización en mercados extranjeros bajo promesas de ganancias extraordinarias a corto plazo. Las primeras inversiones suelen ser exitosas para generar confianza antes del fraude final.

    La CNMV mantiene actualizada su lista de entidades advertidas, que incluye más de 246 empresas que operan sin licencia en España, un número que se ha duplicado respecto a años anteriores. Entre los productos fraudulentos más comunes están las criptomonedas, forex, CFD y materias primas.

    Para protegerse, los expertos recomiendan verificar si la entidad está autorizada en el registro oficial de la CNMV, desconfiar de promesas de ganancias fáciles y rápidas, no proporcionar datos personales a desconocidos y sospechar de solicitudes de pagos anticipados. La educación financiera se convierte en la primera línea de defensa contra estos chiringuitos financieros cada vez más sofisticados.

  • La CNMV alerta de que algunos influencers podrían estar incumpliendo la normativa

    La CNMV alerta de que algunos influencers podrían estar incumpliendo la normativa

    Después de realizar una revisión de las actividades en redes sociales de
    influencers en el sector financiero, la CNMV ha observado que algunos
    de ellos podrían estar emitiendo recomendaciones de inversión sin
    cumplir con los requisitos establecidos por el régimen de la Unión
    Europea (UE). En particular va a contactar con las personas inicialmente
    identificadas por la CNMV como ‘expertos’ para solicitar aclaraciones
    sobre su actividad.

    La actividad de elaboración y difusión de estas recomendaciones está
    regulada en el Reglamento UE 596/2014 sobre el abuso de mercado y
    en el Reglamento Delegado (UE) 2016/958 que lo desarrolla. La
    normativa tiene como principales objetivos que las recomendaciones
    sean presentadas de forma clara, exacta y objetiva y que se informe
    sobre los intereses y conflictos de intereses que tenga la persona que
    emite la recomendación sobre los instrumentos financieros a los que se
    refiera. En el caso de los expertos, la normativa contempla que deben
    seguirse requisitos adicionales.

    Con esta actuación de supervisión, la CNMV pretende promover el
    cumplimiento de los objetivos de la legislación. Esto es, que quienes
    hagan recomendaciones de inversión se identifiquen adecuadamente,
    presenten las recomendaciones de manera objetiva y revelen todas las
    relaciones o circunstancias que pudieran afectar a su objetividad. Y
    asegurar una igualdad de trato con las personas y entidades
    supervisadas que emiten sus recomendaciones respetando los
    requisitos normativos.

    Una recomendación de inversión consiste en una información en la que
    se recomiende o sugiera una estrategia de inversión, de forma explícita
    o implícita, en relación con uno o varios instrumentos financieros o con
    los emisores, incluida toda opinión sobre el valor o precio actuales o
    futuros de esos instrumentos, destinada a los canales de distribución o
    al público.

    Para determinar si se emite una recomendación es necesario analizar la
    sustancia de lo que se comunica, es decir, si se recomienda una
    estrategia de inversión (comprar, mantener o vender instrumentos
    financieros), con independencia del nombre que se dé a la
    comunicación, su formato o el medio a través del que se difunde (puede
    ser por vía electrónica o verbal, por ejemplo). Así, para que una
    información constituya una recomendación no es necesario que se
    presente por escrito o que se denomine como tal.

    Habitualmente, las recomendaciones de inversión son emitidas por
    empresas de servicios de inversión o entidades de crédito que se
    dedican a esta actividad y la CNMV supervisa de forma regular el
    cumplimiento por parte de estas entidades de los requisitos detallados
    que se establecen en la legislación. Sin embargo, las recomendaciones
    también pueden ser elaboradas y divulgadas por otras personas, que
    están sujetas a ciertos requisitos mínimos. Cuando estas otras personas
    se presentan al público en general como poseedores de experiencia o
    conocimientos sobre instrumentos financieros y los mercados, o son
    percibidos como tales por los participantes del mercado, la regulación
    les califica como ‘expertos’ y les sujeta a requisitos adicionales. Estos
    expertos pueden pensar erróneamente que el régimen de la UE sobre
    recomendaciones de inversión no les aplica por el hecho de transmitir
    sus comunicaciones a través de redes sociales o de forma verbal.

  • Campaña de la Renta: ojo con estas estafas

    Campaña de la Renta: ojo con estas estafas

    El blog de CaixaBank alerta a los usuarios de los riesgos de fraude y estafa que sufren los contribuyentes durante la Campaña de la Renta por parte de ciberdelincuentes. A través de tres personajes ficticios, CaixaBank expone los tres tipos de estafa más utilizados: malware, phising, vishing y smishing.

    La estafa por malware se produce mediante un correo en el que los delincuentes afirman enviar el comprobante fiscal de la declaración de la renta realizada. La víctima abre el archivo y automáticamente un malware se descarga en su ordenador, accediendo no solo a toda su información personal y bancaria (contraseñas, número de tarjeta bancaria…), sino también a la de su empresa, poniendo en peligro datos altamente confidenciales.

    Además, bloquean ficheros que son vitales para el desarrollo de su negocio y le piden un rescate por ellos.

    El fraude vía phising consiste en un correo en el que se pide que «para la realización de la declaración de la renta del ejercicio 2021 se requiere la actualización de sus datos mediante el acceso a la sede electrónica» y se facilita un enlace en el que la víctima introduce su clave y sus datos en lo que cree que es la página de la Agencia Tributaria, incluyendo su cuenta bancaria para “la devolución de impuestos”.

    En la estafa por vishing la víctima recibe una llamada de alguien haciéndose pasar por funcionario de la Agencia Tributaria para facilitarle la realización de la declaración vía telefónica y así no tener que desplazarse hasta las oficinas. Explica que es una nueva medida introducida para evitar que las personas mayores se contagien de COVID y la víctima, con total confianza, aporta todos sus datos pensando que la llamada procedía de un organismo oficial debido a la Campaña de la Renta.

    Por último, el smishing consiste en un SMS que señala: “Su banco no ha podido efectuar el pago de los impuestos correspondientes tras la realización de su declaración. Por favor, acceda a la sede para comprobar que los datos bancarios son correctos”. Este mensaje termina con un enlace a una página web en el que la víctima hace clic y así consigue que le roben información personal.

    La Agencia Tributaria solo utiliza el correo electrónico o SMS para informar del estado de la declaración o para avisar si se tiene una notificación en su sede electrónica (a la que se podrá acceder a través de la web oficial). Por tanto, nunca solicita por correo electrónico, SMS o telefónicamente información confidencial, económica o personal, números de cuenta ni números de tarjeta.

  • Cyber Guardian, plataforma innovadora de ciberseguridad para ayudar a proteger a las PYMES

    Cyber Guardian, plataforma innovadora de ciberseguridad para ayudar a proteger a las PYMES

    Banco Santander ha puesto en marcha Cyber Guardian, una nueva solución para que las pymes puedan defenderse de las amenazas del mundo digital y fortalecer la protección de su negocio, con la misma capacidad que tienen ya las grandes corporaciones. Cyber Guardian, creada en colaboración con Factum, empresa participada por el banco a través de Tresmares, permite a las pymes proteger su negocio de las ciberamenazas, con soluciones punteras y servicios innovadores.

    El avance de la digitalización en todos los sectores ha puesto de manifiesto la importancia de la ciberseguridad, no sólo para las grandes compañías, sino también para las pequeñas y medianas. Los datos, de hecho, indican que el 70% de los ciberataques que se produce en España son contra pymes y cada uno de ellos tiene un coste promedio de resolución de 35.000 euros, además de los costes operativos, reputacionales y la potencial pérdida de clientes. Son impactos que suponen un duro golpe para una empresa, que puede concluir incluso con su desaparición y que evidencian, una vez más, que la mejor estrategia contra los ciberataques es la prevención. 

    Cyber Guardian

    Cyber Guardian es un servicio que ofrece a las pymes la capacidad de evaluar su riesgo de ciberseguridad; proteger sus dispositivos, emails y navegación, así como formar a sus empleados, entrenándolos con pruebas de phishing y mensajes de concienciación, para convertirles así en la primera barrera de defensa. Esta solución incorpora, además, monitorización proactiva de alertas de seguridad 24/7 y permite responder a las amenazas más avanzadas y emergentes. Todo ello, sin necesidad de conocimientos previos y de forma fácil e intuitiva para el usuario.

    Entre las innovadoras funciones que Cyber Guardian pone a disposición de las pymes cabe mencionar la herramienta de puntuación de Ciberseguridad. Con ella, los usuarios de esta solución mantienen un seguimiento continuo del nivel de ciberseguridad de su negocio y pueden gestionar sus riesgos. Además, el servicio de monitorización permanente y automático evalúa la gravedad de los riesgos.

    Al mismo tiempo, la herramienta ofrece protección para todos los dispositivos de la compañía, ya que monitoriza, detecta y elimina virus, ransomware, troyanos y spyware, conocidos o no. Cyber Guardian ayuda a detectar eventuales fallos de seguridad en las webs de la pyme.

    La solución de Santander y Factum también ayuda a las empresas en una tarea fundamental: la concienciación de los trabajadores de la importancia de la ciberseguridad. Así, por ejemplo, permite el envío de simulaciones de phishing a los empleados, para que aprendan a reconocer los correos maliciosos y sepan cómo actuar frente a ellos, a través de una formación específica.

  • Ciberseguridad, uno de los sectores con más salidas profesionales

    Ciberseguridad, uno de los sectores con más salidas profesionales

    El ‘Análisis y Diagnóstico del Talento en Ciberseguridad en España’ elaborado por ObservaCiber, en el que se refleja el estado actual del talento en el sector de la ciberseguridad en el país, con el objetivo de posicionar a España como referente a nivel europeo, constata que en 2024 harán falta más de 83.000 profesionales en el sector.

    Durante la presentación del documento en el Mobile World Congress 2022 de Barcelona, la directora general del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), Rosa Díaz, ha destacado que “este estudio era muy necesario para poner en contexto la situación real de la demanda y la oferta del talento en ciberseguridad en nuestro país. Por ello, trabajamos conjuntamente para promover la captación, capacitación e inserción laboral de profesionales en este sector para generar un escenario adecuado que favorezca la investigación, la innovación, e involucre a los agentes más relevantes de la cadena de valor, como las instituciones educativas y las organizaciones”.

    Por otra parte, la directora del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), Lucía Velasco, ha subrayado la criticidad de la ciberseguridad en la actualidad. “En momentos como el que vivimos, vemos cómo la ciberseguridad y las personas que la ejercen tienen una importancia máxima. Un informe como este aporta valor a ObservaCiber. Nuestra intención es ser un lugar de encuentro sobre ciberseguridad que sirva a toda la sociedad española. Unificamos y avalamos conocimiento. Y no solo respondemos a la demanda de información sobre ciberseguridad, que es cada vez más, sino que además facilitamos que se comprenda. Es decir, estamos aumentando la cultura de la ciberseguridad en España”.

    En 2021, los datos de este estudio señalan que España había alcanzado una fuerza laboral en ciberseguridad cercana a los 149.774 trabajadores con una brecha de talento estimada en 24.119. En consecuencia, una de las mayores prioridades que tiene la administración actualmente es hacerle frente al reto de identificar, atraer, desarrollar, y retener el talento en los diversos campos de la ciberseguridad.

    Por ello, INCIBE ha puesto en marcha un proceso de análisis y diagnóstico del talento en ciberseguridad en España, en línea con su Plan Estratégico 2021-2025, que sitúa la promoción y detección del talento en ciberseguridad como objetivo estratégico e identifica la generación de conocimiento sobre ciberseguridad.

    Con relación a la estimación de la oferta del talento en ciberseguridad, la cifra de profesionales que buscaban empleo en ciberseguridad en 2021 ascendía a 39.072 y la previsión es que se incrementen hasta los 42.283 en 2024. El número de profesionales necesarios en ciberseguridad se elevaba a 63.191 empleos, mientras que en 2024 superará los 83.000.

    Estos datos reflejan la necesidad de contar con personas formadas en este sector. De hecho, el 40,1% de las organizaciones consultadas reconoce que reciclan el talento proveniente de otros departamentos hacia el área de ciberseguridad y pese a esta tendencia, únicamente 2 de cada 10 posiciones internas reciben formación o poseen conocimientos para poder desempeñar las funciones que se requieren. 

    Respecto a las iniciativas para incrementar la presencia de mujeres en posiciones de ciberseguridad, destacan los programas de impulso en investigación, aunque se pone de manifiesto la necesidad de implementar programas específicos que impulsen la presencia femenina. La brecha de género se refleja ya en la etapa universitaria en la que solo el 18% de las personas graduadas especializadas en esta materia son mujeres.