Hemos visto en anteriores ocasiones que las fintech en realidad no suponen ninguna amenaza para la banca, pues la necesitan para poder sobrevivir y crecer. Quienes realmente suponen un riesgo para el modelo de negocio de los bancos tradicionales son los gigantes tecnológicos como Amazon, Facebook o Google, y veremos por qué.

El peligro de los gigantes tecnológicos

Las compañías tecnológicas como Google, Amazon, Facebook o Alipay disponen en la actualidad con licencias de entidad de pago o dinero electrónico en Europa. Así, con el paraguas añadido de la Directiva de Servicios de Pago (PSD2) de la Unión Europea, que obliga a cambiar hacia entornos más colaborativos, estos gigantes tecnológicos podrán tener acceso, previo consentimiento, a las cuentas de los clientes de los bancos.

Esto supone una verdadera amenaza para la banca tradicional, pues estas compañías pueden crear productos que presionen fuertemente, aprovechando la cantidad de usuarios fidelizados que poseen.

Y no solo la gran masa de clientes, sino que las grandes tecnológicas disponen de algo de lo que los bancos carecen, que es una inmensa cantidad de datos sobre su comportamiento.

Las bigtech lideran tecnológicamente el consumo en Internet y están muy por delante en la información que poseen sobre sus clientes. Además, son eficientes, resolutivas y capaces de modificar su trayectoria cuando ven que un modelo no funciona, por lo que serían un duro contrincante para una banca burocratizada, lenta y con escasa capacidad de reacción.

Respuesta de la banca a los gigantes tecnológicos

¿Y qué van a hacer los bancos ante esto? Pues todo parece apuntar a que pretenden blindarse para no tener que dar los datos de sus clientes ni a las fintech ni a estas grandes compañías tecnológicas.

Algunos bancos se encuentran desarrollando en la actualidad APIs, programas informáticos que limitan el acceso autorizado a la información del cliente. En la práctica funcionarían como filtros que hacen que la fintech o bigtech solo pueda acceder a la información estrictamente necesaria, como el número de cuenta y el nombre del usuario, sin datos como sexo, edad, nivel económico, dinero disponible, etc.

De esta manera la banca impediría el sueño de las bigtech de buscar nichos de mercado en los que facilitar la relación con sus clientes, o quedarse con la parte menos regulada del negocio.

Para los que tenemos una cierta edad y no somos nativos digitales esto supone mayor confianza en la banca, pero no para la nueva generación de millenials, que tiene en general una nefasta opinión sobre los bancos (quizá porque han vivido los estragos de la estafa crisis financiera de 2008) y no está dispuesta a usar un banco clásico.

Habrá que permanecer atentos a los movimientos en el sector.

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