Etiqueta: estafa

  • Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    La historia de los exchanges de criptomonedas es, fundamentalmente, la historia de una estafa recurrente: plataformas que prometen custodiar los fondos de sus usuarios y que, una y otra vez, los hacen desaparecer. No es un fallo del sistema; es el sistema.

    Mt. Gox fue el primer gran exchange de Bitcoin y también la primera gran catástrofe. Fundado originalmente como una plataforma para intercambiar cartas de Magic: The Gathering —de ahí su nombre: Magic The Gathering Online eXchange—, acabó procesando el 70% de todas las transacciones de Bitcoin del mundo. En febrero de 2014, la plataforma cerró abruptamente tras confesar que había perdido 850.000 bitcoins de sus clientes, valorados entonces en 450 millones de dólares. La explicación oficial fue un hackeo; la realidad, que emergió tras años de litigios, fue una combinación de incompetencia, negligencia y posible fraude interno.

    Lo extraordinario de Mt. Gox no fue el colapso en sí, sino que estableció un patrón que se repetiría incesantemente durante la década siguiente. Los exchanges de criptomonedas operaban —y en gran medida siguen operando— en un limbo regulatorio que les permite hacer cosas que serían impensables para cualquier institución financiera tradicional: mezclar fondos de clientes con fondos propios, invertir depósitos en activos especulativos, operar sin auditorías externas, y ubicarse en jurisdicciones donde la supervisión es inexistente.

    Quadriga, el mayor exchange canadiense, colapsó en 2019 tras la muerte de su fundador, Gerald Cotten, quien supuestamente era el único que conocía las contraseñas de las billeteras frías donde se guardaban los fondos. Resultó que esas billeteras estaban vacías desde hacía tiempo: Cotten había estado operando un esquema Ponzi clásico, pagando retiros con depósitos nuevos. Los 169 millones de dólares que debían a los clientes simplemente no existían.

    El patrón se repitió con Celsius, Voyager, BlockFi, y alcanzó su apoteosis con FTX. Todas estas plataformas compartían características comunes: marketing agresivo, promesas de rendimientos elevados, ausencia total de transparencia sobre sus operaciones internas, y un colapso repentino cuando las condiciones del mercado empeoraron. En todos los casos, los usuarios descubrieron demasiado tarde que sus fondos no estaban donde creían que estaban.

    Binance, el mayor exchange del mundo por volumen de operaciones, representa un capítulo particularmente ilustrativo de la cultura de impunidad del sector. Durante años, Binance operó sin sede legal declarada, presumiendo de su agilidad para evadir reguladores. Su fundador, Changpeng Zhao, cultivó una imagen de rebelde tecnológico enfrentado a burocracias obsoletas. En 2023, Binance y Zhao se declararon culpables de violaciones masivas de las leyes contra el blanqueo de dinero en Estados Unidos, pagando una multa de 4.300 millones de dólares —la mayor en la historia del Departamento del Tesoro—. Zhao dimitió y fue sentenciado a prisión.

    Lo revelador del caso Binance no es que violara la ley —eso era evidente para cualquier observador atento—, sino que tardara tanto en enfrentar consecuencias. Durante años, Binance fue el centro neurálgico del ecosistema cripto, procesando transacciones que incluían desde evasión fiscal hasta financiación del terrorismo, mientras reguladores de todo el mundo miraban hacia otro lado o carecían de herramientas para actuar.

    La estafa de los exchanges no es únicamente una estafa financiera; es una estafa regulatoria. El sector cripto ha invertido enormes recursos en lobby para evitar ser sometido a las mismas normas que aplican a bancos y brókeres tradicionales. El argumento siempre es el mismo: la innovación requiere libertad, la regulación mata la creatividad, el futuro pertenece a los audaces. Lo que ese argumento oculta es que las regulaciones financieras existen precisamente porque, sin ellas, los intermediarios tienden a robar el dinero de sus clientes. No es teoría; es historia, repetida una y otra vez.

    El usuario medio de criptomonedas opera bajo la ilusión de estar participando en un sistema descentralizado y resistente a la censura. La realidad es que la inmensa mayoría de las transacciones pasan por intermediarios centralizados tan opacos como cualquier banco, pero sin ninguna de las protecciones que la regulación bancaria ha construido durante siglos. Cuando tu exchange colapsa, no hay fondo de garantía de depósitos que te rescate. No hay supervisor que haya auditado las cuentas. No hay, en muchos casos, ni siquiera una jurisdicción clara donde presentar una demanda.

    La única protección real en el mundo cripto es asumir que cualquier plataforma centralizada es, hasta que demuestre lo contrario, una estafa en potencia. Es una forma triste de operar en un ecosistema que prometía liberarnos de la necesidad de confiar en intermediarios.

  • Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Existe un momento en toda civilización decadente en que la distinción entre política y espectáculo se disuelve por completo. Ese momento, para Occidente, llegó cuando presidentes en ejercicio comenzaron a lanzar criptomonedas meme para enriquecerse directamente a costa de sus propios votantes. No estamos ante una metáfora del populismo como estafa; estamos ante la estafa literal, desnuda, sin disimulo.

    El 17 de enero de 2025, apenas tres días antes de su segunda investidura, Donald Trump anunció el lanzamiento de $TRUMP, un token digital sin utilidad alguna más allá de la especulación pura. La mecánica era transparente en su obscenidad: el 80% de los tokens quedaba en manos de entidades vinculadas al propio Trump, mientras el 20% restante se lanzaba al público para crear liquidez artificial. En cuestión de horas, la capitalización de mercado alcanzó cifras astronómicas. Los seguidores del presidente electo, convencidos de participar en algo histórico, compraron frenéticamente. Luego vino el desplome.

    Lo que hace única esta estafa es su carácter abiertamente político. Los compradores de $TRUMP no adquirían un activo financiero; compraban una profesión de fe. El token funcionaba como merchandising ideológico, como una gorra MAGA convertida en instrumento especulativo. Y precisamente por eso resultaba tan eficaz: criticar el token equivalía a criticar al líder, lo cual convertía cualquier advertencia en sospechosa de parcialidad política.

    Javier Milei, el presidente argentino que ha hecho del libertarismo de redes sociales su marca personal, protagonizó un episodio aún más grotesco. En febrero de 2025, Milei promocionó activamente el token $LIBRA ante sus millones de seguidores en redes sociales. El patrón fue idéntico al de tantas estafas cripto: pump and dump ejecutado con precisión quirúrgica. El precio se disparó tras el respaldo presidencial; los insiders vendieron en el pico; el valor se desplomó; los pequeños inversores —muchos de ellos argentinos de clase media que confiaban ciegamente en su presidente— perdieron sus ahorros.

    La defensa de Milei fue tan cínica como predecible: él solo había compartido información, no había recomendado invertir, cada adulto es responsable de sus decisiones. Es el mismo argumento que emplean todos los promotores de esquemas fraudulentos, desde los vendedores de crecepelo hasta los gurús de marketing multinivel. La diferencia es que Milei no es un influencer cualquiera; es el jefe de Estado de una nación sumida en crisis económica, cuyos ciudadanos depositan en él una confianza que debería ser sagrada.

    El fenómeno de los memecoins presidenciales revela una verdad incómoda sobre el populismo contemporáneo: la relación entre líder y seguidor se ha transformado en una transacción económica directa. Ya no basta con votar, asistir a mítines o comprar mercancía oficial; ahora se espera que el fiel invierta sus ahorros en vehículos financieros controlados por el propio líder. Es el paso lógico de un sistema que ha convertido la política en entretenimiento y el entretenimiento en extracción de valor.

    Los defensores de estas prácticas argumentan que los tokens meme son transparentes en su inutilidad —nadie promete que $TRUMP cure enfermedades ni que $LIBRA genere dividendos—. Es un argumento que confunde transparencia con honestidad. Cuando un presidente promociona un activo especulativo, está empleando el capital simbólico del cargo para inducir comportamientos financieros en ciudadanos que confían en él. Eso no es libertad de mercado; es abuso de poder con ánimo de lucro.

    La ausencia de consecuencias legales para estos actos es quizá lo más perturbador. En cualquier otro contexto, un ejecutivo que lanzara un token, lo promocionara públicamente y vendiera en el pico enfrentaría cargos por manipulación de mercado. Pero los presidentes operan en una zona gris legal que la regulación financiera no ha sabido abordar. El resultado es una impunidad que invita a la imitación.

    Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo modelo de corrupción digital: directa, pública, gamificada. La estafa ya no necesita ocultarse en paraísos fiscales ni disfrazarse de consultoría; puede ejecutarse a la luz del día, con la bendición de millones de seguidores que celebran cada pump como una victoria tribal. El populismo ha encontrado su forma definitiva de monetización, y los únicos que pagan el precio son los verdaderos creyentes.

  • Las NFTs y la mercantilización del vacío

    Las NFTs y la mercantilización del vacío

    Hubo un tiempo, no tan lejano, en que un archivo JPEG de un simio aburrido podía valer más que un piso en el centro de Madrid. Aquel tiempo —digámoslo sin ambages— fue el de una estafa colectiva tan fascinante como vergonzante, un episodio que historiadores económicos y críticos culturales estudiarán durante décadas como ejemplo paradigmático de la irracionalidad de los mercados y la degradación del concepto mismo de arte.

    Las NFTs (Non-Fungible Tokens) irrumpieron en el imaginario colectivo prometiendo una revolución en la propiedad digital. La promesa era seductora: por primera vez, gracias a la tecnología blockchain, sería posible poseer de forma verificable un objeto digital único. Los evangelistas del sector —esa peculiar casta de tech bros reconvertidos en filósofos de la escasez artificial— nos aseguraron que estábamos presenciando el nacimiento de un nuevo paradigma. Lo que presenciamos, en realidad, fue el nacimiento de una burbuja especulativa construida sobre los cimientos de la ignorancia tecnológica y la avaricia más primitiva.

    Desde el punto de vista económico, el mercado de NFTs exhibió todas las características clásicas de una estafa piramidal apenas disimulada. El mecanismo era elegante en su simplicidad: los primeros inversores compraban a precios bajos, generaban hype artificial en redes sociales —especialmente Twitter, esa cloaca dorada del capitalismo digital—, y vendían a recién llegados deslumbrados por la promesa de rendimientos estratosféricos. El mayor beneficiado no era el artista ni el coleccionista, sino el intermediario: las plataformas de intercambio que cobraban comisiones por cada transacción y los influencers que recibían pagos opacos por promocionar colecciones destinadas al fracaso.

    Los números, cuando finalmente llegó el colapso, fueron elocuentes. Según diversos análisis, más del 95% de las colecciones de NFTs carecen hoy de cualquier valor de mercado. Millones de compradores descubrieron, demasiado tarde, que aquello que habían adquirido no era una obra de arte ni una inversión, sino un certificado de propiedad sobre la nada. Porque conviene recordar una verdad incómoda que los promotores de esta estafa ocultaron sistemáticamente: comprar un NFT no otorga derechos sobre la imagen, ni impide que cualquiera pueda copiarla, ni garantiza siquiera que el enlace al archivo siga funcionando dentro de cinco años.

    Desde la perspectiva artística, el fenómeno NFT representa algo quizá más perturbador: la rendición definitiva del arte ante la lógica del capital. El valor de una obra dejó de estar vinculado a su capacidad de conmovernos, provocarnos o hacernos pensar. El único criterio relevante pasó a ser su potencial de revalorización. Los Bored Apes, los CryptoPunks y sus infinitas imitaciones no pretendían ser arte; pretendían ser activos especulativos con la estética del arte, que es algo muy distinto.

    Esta estafa estética tuvo cómplices ilustres. Casas de subastas centenarias como Christie’s y Sotheby’s legitimaron el mercado de NFTs con ventas millonarias, prestando su reputación institucional a lo que era, esencialmente, un casino digital. Celebrities de toda índole —desde Paris Hilton hasta figuras del deporte profesional— promocionaron colecciones sin revelar sus intereses económicos, en lo que constituye un ejemplo de libro de manipulación de mercado.

    El colapso era inevitable y llegó con la violencia propia de todas las burbujas. Cuando la Reserva Federal comenzó a subir los tipos de interés y el dinero fácil empezó a escasear, el mercado de NFTs se desplomó. La liquidez se evaporó de un día para otro, dejando a miles de inversores minoristas atrapados con activos invendibles. Los grandes operadores, por supuesto, ya habían abandonado el barco.

    Lo verdaderamente trágico de esta estafa no es el dinero perdido —aunque las cifras sean astronómicas—, sino el daño infligido a la confianza en la intersección entre tecnología y cultura. Existían, y existen, aplicaciones legítimas de la tecnología blockchain en el mundo del arte: trazabilidad de obras, gestión de derechos, nuevas formas de mecenazgo. Todas ellas han quedado contaminadas por el espectáculo grotesco de los simios pixelados y los millones evaporados.

    La historia de las NFTs nos deja una lección que deberíamos grabar en piedra: cuando alguien te promete que has llegado temprano a una revolución financiera, probablemente has llegado tarde a una estafa.

  • Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Hay una vieja máxima en el mundo de las finanzas que sostiene que, cuando el dinero fácil abunda, los estafadores florecen. La década que va de 2015 a 2025 ha demostrado que esa máxima se queda corta: cuando el dinero fácil se combina con tecnología incomprensible y regulación inexistente, lo que florece no son estafadores aislados, sino ecosistemas enteros de extracción de riqueza tan sofisticados que sus propias víctimas los defienden con fervor religioso.

    Este ciclo de artículos que comienza hoy nace de una perplejidad. ¿Cómo es posible que sociedades que se precian de su sofisticación financiera —que han desarrollado durante siglos mecanismos para proteger al inversor, que recuerdan con horror la crisis de 2008, que enseñan en sus escuelas de negocios casos de estudio sobre burbujas históricas— hayan caído, colectiva y repetidamente, en estafas cuya arquitectura era visible para cualquiera que quisiera mirar? ¿Cómo explicar que millones de personas entregaran sus ahorros a adolescentes anónimos que prometían revolucionar las finanzas desde apartamentos en las Bahamas? ¿Qué mecanismo psicológico y social permitió que la palabra «descentralizado» funcionara como un conjuro capaz de suspender todo escepticismo?

    La respuesta, sospecho, tiene menos que ver con la tecnología que con algo más antiguo y más humano: la codicia democratizada. Durante décadas, el ciudadano medio observó cómo las élites financieras se enriquecían mediante instrumentos opacos e inaccesibles. La promesa del fintech —de las criptomonedas, de las finanzas descentralizadas, de los tokens y los NFTs— fue que cualquiera podía ahora sentarse a la mesa donde se repartía el botín. Lo que nadie mencionó es que, en esa mesa, el ciudadano medio no era el jugador; era el producto.

    La estafa como fenómeno cultural

    Las estafas que documentaremos comparten una característica que las distingue de los fraudes financieros tradicionales: su dimensión cultural. Bernie Madoff operaba en la sombra, cultivando la exclusividad y el secretismo. Los estafadores del fintech operan a plena luz, con podcasts, cuentas de Twitter verificadas, conferencias en Dubai y entrevistas en medios respetables. No se esconden; se exhiben.

    Esta visibilidad no es accidental. Es parte integral del mecanismo de la estafa. Cuando un emprendedor de 28 años posa en la portada de Forbes junto a titulares sobre su genialidad disruptiva, cuando un expresidente de Estados Unidos aparece en un anuncio del Super Bowl promocionando criptomonedas, cuando casas de subastas centenarias venden JPEGs de simios por millones de dólares, el mensaje implícito es que esto es legítimo. La estafa contemporánea no necesita ocultarse porque ha sido normalizada, integrada en el tejido de la cultura mainstream, bendecida por instituciones que deberían saber mejor.

    El resultado es una inversión perversa de la carga de la prueba. Quien señala que el emperador está desnudo —que los rendimientos son insostenibles, que los tokens carecen de valor intrínseco, que los fundadores tienen antecedentes dudosos— es descartado como un aguafiestas tecnófobo, un representante del viejo mundo incapaz de comprender el nuevo paradigma. La estafa se protege a sí misma mediante una comunidad de creyentes que atacan viciosamente cualquier heterodoxia.

  • El coste oculto de la corrupción: Cómo afecta al bolsillo de todos los españoles

    El coste oculto de la corrupción: Cómo afecta al bolsillo de todos los españoles

    La corrupción representa un gravamen invisible que todos los ciudadanos españoles pagan sin saberlo, con un coste estimado entre el 2% y 5% del PIB nacional según organismos internacionales. Este fenómeno drena sistemáticamente las arcas públicas, reduciendo la calidad de servicios esenciales como sanidad, educación e infraestructuras.

    Cada euro desviado por prácticas corruptas multiplica su impacto negativo: encarece la contratación pública hasta un 30%, reduce la competitividad empresarial, distorsiona el mercado y genera desconfianza institucional que desincentiva la inversión extranjera. Los ciudadanos sufren las consecuencias mediante mayores impuestos, servicios públicos deficientes y menor crecimiento económico.

    La factura real incluye sobrecostes en obras públicas, adjudicaciones fraudulentas, malversación de fondos europeos y pérdida de oportunidades de desarrollo. Estudios del Banco Mundial demuestran que países con altos niveles de corrupción experimentan tasas de crecimiento significativamente menores, perpetuando círculos viciosos de pobreza y desigualdad.

    La transparencia y el fortalecimiento institucional se convierten en inversiones rentables: cada euro invertido en prevención de corrupción genera ahorros múltiples en el largo plazo. La tecnología blockchain, auditorías independientes y sistemas de contratación pública digital emergen como herramientas fundamentales para recuperar la confianza ciudadana y optimizar el uso de recursos públicos.eo** de innovación en pagos digitales, estableciendo estándares que influirán en el desarrollo global del sector.

  • Claves para invertir con seguridad: Guía definitiva del Banco de España para evitar estafas

    Claves para invertir con seguridad: Guía definitiva del Banco de España para evitar estafas

    El Banco de España y la CNMV publican regularmente guías esenciales con claves para invertir y proteger el ahorro de los españoles ante el creciente número de estafas financieras y chiringuitos no autorizados. Estas instituciones identifican las señales de alarma que todo inversor debe conocer para evitar perder sus ahorros en productos fraudulentos.

    Las promesas de rentabilidades extraordinarias sin riesgo constituyen la primera señal de alarma. Los expertos advierten que cualquier inversión que garantice beneficios superiores al 10-15% anual debe ser analizada con extrema cautela, especialmente si no está respaldada por entidades registradas oficialmente.

    La verificación de autorizaciones resulta fundamental: toda entidad que ofrezca servicios de inversión debe estar inscrita en los registros oficiales de la CNMV. Los inversores pueden consultar gratuitamente estas bases de datos antes de confiar su dinero a cualquier intermediario financiero.

    Los productos más utilizados por estafadores incluyen criptomonedas, forex, CFDs y materias primas, presentados através de plataformas web aparentemente profesionales. La regla de oro consiste en no invertir nunca en productos que no se comprenden completamente y siempre diversificar las inversiones. El conocimiento financiero y la prudencia siguen siendo las mejores defensas contra el fraude en un entorno donde la sofisticación de las estafas crece constantemente.

  • Consejos de seguridad del Banco de España para el pago con móviles

    Consejos de seguridad del Banco de España para el pago con móviles

    En una reciente publicación en su Portal del Cliente Bancario, el Banco de España ha destacado la creciente relevancia de los smartphones como herramientas esenciales en la vida cotidiana, especialmente en el ámbito de las transacciones financieras. Con un enfoque en los «consejos de seguridad», el Banco enfatiza la importancia de utilizar adecuadamente la tecnología NFC (Near Field Communication) para realizar pagos de forma segura y eficiente.

    Consejos de seguridad del Banco de España para el pago con móviles

    La entidad bancaria señala que la mayoría de las personas no sale de casa sin su móvil, dada su utilidad creciente en diversas actividades, incluyendo la realización de compras. El proceso de pago se ha simplificado gracias a las tarjetas descargables en los móviles, que emplean la tecnología NFC para comunicarse con los datáfonos y transferir información de manera segura.

    El Banco de España explica detalladamente cómo configurar una tarjeta en el móvil, destacando la utilización de la cartera digital o ‘wallet’. Esta función permite almacenar de forma segura las tarjetas de los bancos, ya sea en la cartera del teléfono o en una específica del banco. El registro de la tarjeta puede realizarse manualmente o mediante el uso de la cámara del dispositivo.

    Para reforzar la seguridad, el Banco aconseja introducir funciones adicionales de seguridad como patrones de desbloqueo, PIN, huella dactilar o reconocimiento facial. Además, resalta la importancia de la tokenización de los pagos, un sistema informático que proporciona una capa adicional de seguridad. Esta tecnología asegura que, en caso de pérdida del móvil, nadie pueda acceder a la información de las tarjetas almacenadas.

    Entre los consejos de seguridad proporcionados, el Banco de España recomienda:

    1. Configurar un bloqueo en el móvil para que solo el titular legítimo pueda realizar los pagos.
    2. Establecer un doble factor de autenticación para acceder a la cartera digital.
    3. Fijar un importe mínimo, por defecto 50 euros, a partir del cual sea necesario introducir el código PIN para las transacciones.
    4. Desactivar la opción NFC en el dispositivo cuando no se esté utilizando.

    Esta iniciativa del Banco de España demuestra su compromiso con la seguridad de los consumidores en el ámbito digital y su dedicación a proporcionar información valiosa para realizar transacciones seguras y eficientes.

  • Memoria de Reclamaciones 2021: el Banco de España recibió un 61% más

    Memoria de Reclamaciones 2021: el Banco de España recibió un 61% más

    El Banco de España ha presentado la Memoria de Reclamaciones 2021, en la que señala que tramitó 34.330 reclamaciones y 48.955 consultas de los ciudadanos durante el año 2021. Esto supone que las reclamaciones atendidas aumentaron un 61% y las consultas resueltas, un 4,4% con respecto a 2020.

    La cifra de reclamaciones tramitadas en el 2021 solo se superó en dos
    ejercicios anteriores: en 2013, por el efecto de las reclamaciones relacionadas con las cláusulas suelo, y en 2017, por las relativas a los gastos de formalización de los préstamos hipotecarios.

    No se puede identificar una única causa del aumento de reclamaciones, pero sí se observa un incremento generalizado de las relativas a los dos productos principales, préstamos hipotecarios (33,4% del total) y tarjetas (29,5%). En tercer lugar se sitúan los asuntos referidos a cuentas y depósitos (el 17,2%).

    La ratio de rectificaciones de las entidades ascendió al 73% de los expedientes concluidos con resolución favorable al cliente. Esta cifra supone un incremento respecto a las rectificaciones registradas el año anterior y consolida la mejora de esta ratio a partir de 2012, cuando, tras la crisis financiera, se reforzaron los mecanismos de regulación y supervisión de conducta.

    La Memoria de Reclamaciones 2021 recoge estos datos y explica los motivos más frecuentes de reclamación y consulta, el modo en que se han resuelto y los criterios utilizados para hacerlo.

    La publicación de la Memoria coincide esta vez con la celebración de los 35 años de vida del Servicio de Reclamaciones, que se cumplieron el pasado 1 de septiembre. En este periodo se han tramitado cerca de 400.000 reclamaciones y más de 600.000 consultas. A lo largo de estos años, el servicio de reclamaciones ha sido testigo directo de la evolución de las controversias planteadas por los clientes en un entorno financiero en constante evolución.

    Este servicio, que estuvo entre los pioneros en Europa, ha permitido dispensar a miles de ciudadanos una atención personalizada, convirtiéndose en un servicio público de referencia.

  • Campaña de la Renta: ojo con estas estafas

    Campaña de la Renta: ojo con estas estafas

    El blog de CaixaBank alerta a los usuarios de los riesgos de fraude y estafa que sufren los contribuyentes durante la Campaña de la Renta por parte de ciberdelincuentes. A través de tres personajes ficticios, CaixaBank expone los tres tipos de estafa más utilizados: malware, phising, vishing y smishing.

    La estafa por malware se produce mediante un correo en el que los delincuentes afirman enviar el comprobante fiscal de la declaración de la renta realizada. La víctima abre el archivo y automáticamente un malware se descarga en su ordenador, accediendo no solo a toda su información personal y bancaria (contraseñas, número de tarjeta bancaria…), sino también a la de su empresa, poniendo en peligro datos altamente confidenciales.

    Además, bloquean ficheros que son vitales para el desarrollo de su negocio y le piden un rescate por ellos.

    El fraude vía phising consiste en un correo en el que se pide que «para la realización de la declaración de la renta del ejercicio 2021 se requiere la actualización de sus datos mediante el acceso a la sede electrónica» y se facilita un enlace en el que la víctima introduce su clave y sus datos en lo que cree que es la página de la Agencia Tributaria, incluyendo su cuenta bancaria para “la devolución de impuestos”.

    En la estafa por vishing la víctima recibe una llamada de alguien haciéndose pasar por funcionario de la Agencia Tributaria para facilitarle la realización de la declaración vía telefónica y así no tener que desplazarse hasta las oficinas. Explica que es una nueva medida introducida para evitar que las personas mayores se contagien de COVID y la víctima, con total confianza, aporta todos sus datos pensando que la llamada procedía de un organismo oficial debido a la Campaña de la Renta.

    Por último, el smishing consiste en un SMS que señala: “Su banco no ha podido efectuar el pago de los impuestos correspondientes tras la realización de su declaración. Por favor, acceda a la sede para comprobar que los datos bancarios son correctos”. Este mensaje termina con un enlace a una página web en el que la víctima hace clic y así consigue que le roben información personal.

    La Agencia Tributaria solo utiliza el correo electrónico o SMS para informar del estado de la declaración o para avisar si se tiene una notificación en su sede electrónica (a la que se podrá acceder a través de la web oficial). Por tanto, nunca solicita por correo electrónico, SMS o telefónicamente información confidencial, económica o personal, números de cuenta ni números de tarjeta.

  • Cyber Guardian, plataforma innovadora de ciberseguridad para ayudar a proteger a las PYMES

    Cyber Guardian, plataforma innovadora de ciberseguridad para ayudar a proteger a las PYMES

    Banco Santander ha puesto en marcha Cyber Guardian, una nueva solución para que las pymes puedan defenderse de las amenazas del mundo digital y fortalecer la protección de su negocio, con la misma capacidad que tienen ya las grandes corporaciones. Cyber Guardian, creada en colaboración con Factum, empresa participada por el banco a través de Tresmares, permite a las pymes proteger su negocio de las ciberamenazas, con soluciones punteras y servicios innovadores.

    El avance de la digitalización en todos los sectores ha puesto de manifiesto la importancia de la ciberseguridad, no sólo para las grandes compañías, sino también para las pequeñas y medianas. Los datos, de hecho, indican que el 70% de los ciberataques que se produce en España son contra pymes y cada uno de ellos tiene un coste promedio de resolución de 35.000 euros, además de los costes operativos, reputacionales y la potencial pérdida de clientes. Son impactos que suponen un duro golpe para una empresa, que puede concluir incluso con su desaparición y que evidencian, una vez más, que la mejor estrategia contra los ciberataques es la prevención. 

    Cyber Guardian

    Cyber Guardian es un servicio que ofrece a las pymes la capacidad de evaluar su riesgo de ciberseguridad; proteger sus dispositivos, emails y navegación, así como formar a sus empleados, entrenándolos con pruebas de phishing y mensajes de concienciación, para convertirles así en la primera barrera de defensa. Esta solución incorpora, además, monitorización proactiva de alertas de seguridad 24/7 y permite responder a las amenazas más avanzadas y emergentes. Todo ello, sin necesidad de conocimientos previos y de forma fácil e intuitiva para el usuario.

    Entre las innovadoras funciones que Cyber Guardian pone a disposición de las pymes cabe mencionar la herramienta de puntuación de Ciberseguridad. Con ella, los usuarios de esta solución mantienen un seguimiento continuo del nivel de ciberseguridad de su negocio y pueden gestionar sus riesgos. Además, el servicio de monitorización permanente y automático evalúa la gravedad de los riesgos.

    Al mismo tiempo, la herramienta ofrece protección para todos los dispositivos de la compañía, ya que monitoriza, detecta y elimina virus, ransomware, troyanos y spyware, conocidos o no. Cyber Guardian ayuda a detectar eventuales fallos de seguridad en las webs de la pyme.

    La solución de Santander y Factum también ayuda a las empresas en una tarea fundamental: la concienciación de los trabajadores de la importancia de la ciberseguridad. Así, por ejemplo, permite el envío de simulaciones de phishing a los empleados, para que aprendan a reconocer los correos maliciosos y sepan cómo actuar frente a ellos, a través de una formación específica.