Etiqueta: tecnología

  • ICOs y la fiebre del oro digital

    ICOs y la fiebre del oro digital

    El año 2017 será recordado en la historia financiera como el período en que se demostró, de forma concluyente, que la humanidad no ha aprendido nada desde la tulipomanía holandesa del siglo XVII. Las Initial Coin Offerings —ICOs— representaron la forma más pura de estafa financiera masiva que el siglo XXI ha producido: la capacidad de recaudar millones de dólares presentando únicamente un PDF con promesas grandilocuentes y una dirección de cartera de Ethereum.

    La mecánica de una ICO era de una simplicidad desarmante. Un equipo —frecuentemente anónimo o pseudónimo— publicaba un whitepaper describiendo un proyecto revolucionario que utilizaría tecnología blockchain para resolver algún problema, real o imaginario. Luego vendía tokens que supuestamente darían acceso al futuro servicio o representarían participación en el futuro éxito del proyecto. Los inversores enviaban criptomonedas, recibían tokens a cambio, y esperaban que el valor de esos tokens se multiplicara cuando el proyecto se materializara.

    El problema era que la inmensa mayoría de proyectos nunca se materializaron. Estudios posteriores revelaron que más del 80% de las ICOs de 2017-2018 fueron estafas deliberadas, fracasos rotundos, o proyectos abandonados. Los miles de millones recaudados se evaporaron en una combinación de fraude, incompetencia y gastos extravagantes. Los fundadores de proyectos fallidos compraron yates, fiestas, mansiones, y desaparecieron hacia jurisdicciones sin tratados de extradición.

    El caso de Centra Tech ilustra el patrón con claridad didáctica. Sus fundadores recaudaron 32 millones de dólares prometiendo una tarjeta de débito respaldada por Visa y Mastercard que permitiría gastar criptomonedas en cualquier comercio. El proyecto fue promocionado por celebridades como Floyd Mayweather y DJ Khaled, quienes cobraron por sus endorsements sin revelar ese detalle a sus seguidores. Resultó que las alianzas con Visa y Mastercard eran inexistentes, que los ejecutivos listados en el whitepaper eran ficticios, y que todo el proyecto era una estafa desde su concepción. Los fundadores fueron condenados a prisión; los inversores nunca recuperaron su dinero.

    Tezos recaudó 232 millones de dólares en su ICO, convirtiéndose en una de las mayores de la historia. Poco después, el proyecto se sumió en disputas internas, demandas legales, y una gobernanza caótica que retrasó su lanzamiento años más de lo prometido. No fue técnicamente una estafa —el proyecto eventualmente se materializó—, pero ilustró cómo incluso las ICOs legítimas operaban con un nivel de disfunción organizativa que sería impensable en cualquier vehículo de inversión regulado.

    Lo que hacía posible el boom de las ICOs era una laguna regulatoria que los promotores explotaron sin pudor. Las ICOs eran, funcionalmente, ofertas de valores no registrados. Pero al denominarse tokens de utilidad en lugar de acciones, y al venderse en criptomonedas en lugar de dólares, los emisores argumentaron que no estaban sujetos a las leyes de valores. Fue un argumento legal endeble que los reguladores tardaron años en desmontar, tiempo suficiente para que la fiebre especulativa hiciera su daño.

    La SEC estadounidense eventualmente comenzó a perseguir las ICOs más flagrantes, imponiendo multas y forzando devoluciones. Pero la aplicación fue selectiva y tardía, dejando a miles de inversores minoristas sin recursos. Las jurisdicciones fuera de Estados Unidos fueron aún más laxas, convirtiendo a Singapur, Suiza, y Malta en paraísos para la recaudación fraudulenta.

    El legado de las ICOs es instructivo. Demostraron que la tecnología blockchain no ofrece ninguna protección contra la estafa más antigua del mundo: prometer más de lo que se puede entregar. Demostraron que la eliminación de intermediarios regulados no empodera al pequeño inversor, sino que lo deja indefenso ante depredadores. Y demostraron que la codicia humana es infinitamente renovable; apenas se cerró el ciclo de las ICOs, la misma dinámica se reprodujo con NFTs, memecoins, y cada nueva iteración del casino cripto.

    El único aprendizaje duradero de las ICOs es uno que debería ser obvio: cuando alguien te ofrece participar en la planta baja de una revolución tecnológica, probablemente estás participando en el sótano de una estafa.

  • Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    Los exchanges sin ley: de Mt. Gox a Binance

    La historia de los exchanges de criptomonedas es, fundamentalmente, la historia de una estafa recurrente: plataformas que prometen custodiar los fondos de sus usuarios y que, una y otra vez, los hacen desaparecer. No es un fallo del sistema; es el sistema.

    Mt. Gox fue el primer gran exchange de Bitcoin y también la primera gran catástrofe. Fundado originalmente como una plataforma para intercambiar cartas de Magic: The Gathering —de ahí su nombre: Magic The Gathering Online eXchange—, acabó procesando el 70% de todas las transacciones de Bitcoin del mundo. En febrero de 2014, la plataforma cerró abruptamente tras confesar que había perdido 850.000 bitcoins de sus clientes, valorados entonces en 450 millones de dólares. La explicación oficial fue un hackeo; la realidad, que emergió tras años de litigios, fue una combinación de incompetencia, negligencia y posible fraude interno.

    Lo extraordinario de Mt. Gox no fue el colapso en sí, sino que estableció un patrón que se repetiría incesantemente durante la década siguiente. Los exchanges de criptomonedas operaban —y en gran medida siguen operando— en un limbo regulatorio que les permite hacer cosas que serían impensables para cualquier institución financiera tradicional: mezclar fondos de clientes con fondos propios, invertir depósitos en activos especulativos, operar sin auditorías externas, y ubicarse en jurisdicciones donde la supervisión es inexistente.

    Quadriga, el mayor exchange canadiense, colapsó en 2019 tras la muerte de su fundador, Gerald Cotten, quien supuestamente era el único que conocía las contraseñas de las billeteras frías donde se guardaban los fondos. Resultó que esas billeteras estaban vacías desde hacía tiempo: Cotten había estado operando un esquema Ponzi clásico, pagando retiros con depósitos nuevos. Los 169 millones de dólares que debían a los clientes simplemente no existían.

    El patrón se repitió con Celsius, Voyager, BlockFi, y alcanzó su apoteosis con FTX. Todas estas plataformas compartían características comunes: marketing agresivo, promesas de rendimientos elevados, ausencia total de transparencia sobre sus operaciones internas, y un colapso repentino cuando las condiciones del mercado empeoraron. En todos los casos, los usuarios descubrieron demasiado tarde que sus fondos no estaban donde creían que estaban.

    Binance, el mayor exchange del mundo por volumen de operaciones, representa un capítulo particularmente ilustrativo de la cultura de impunidad del sector. Durante años, Binance operó sin sede legal declarada, presumiendo de su agilidad para evadir reguladores. Su fundador, Changpeng Zhao, cultivó una imagen de rebelde tecnológico enfrentado a burocracias obsoletas. En 2023, Binance y Zhao se declararon culpables de violaciones masivas de las leyes contra el blanqueo de dinero en Estados Unidos, pagando una multa de 4.300 millones de dólares —la mayor en la historia del Departamento del Tesoro—. Zhao dimitió y fue sentenciado a prisión.

    Lo revelador del caso Binance no es que violara la ley —eso era evidente para cualquier observador atento—, sino que tardara tanto en enfrentar consecuencias. Durante años, Binance fue el centro neurálgico del ecosistema cripto, procesando transacciones que incluían desde evasión fiscal hasta financiación del terrorismo, mientras reguladores de todo el mundo miraban hacia otro lado o carecían de herramientas para actuar.

    La estafa de los exchanges no es únicamente una estafa financiera; es una estafa regulatoria. El sector cripto ha invertido enormes recursos en lobby para evitar ser sometido a las mismas normas que aplican a bancos y brókeres tradicionales. El argumento siempre es el mismo: la innovación requiere libertad, la regulación mata la creatividad, el futuro pertenece a los audaces. Lo que ese argumento oculta es que las regulaciones financieras existen precisamente porque, sin ellas, los intermediarios tienden a robar el dinero de sus clientes. No es teoría; es historia, repetida una y otra vez.

    El usuario medio de criptomonedas opera bajo la ilusión de estar participando en un sistema descentralizado y resistente a la censura. La realidad es que la inmensa mayoría de las transacciones pasan por intermediarios centralizados tan opacos como cualquier banco, pero sin ninguna de las protecciones que la regulación bancaria ha construido durante siglos. Cuando tu exchange colapsa, no hay fondo de garantía de depósitos que te rescate. No hay supervisor que haya auditado las cuentas. No hay, en muchos casos, ni siquiera una jurisdicción clara donde presentar una demanda.

    La única protección real en el mundo cripto es asumir que cualquier plataforma centralizada es, hasta que demuestre lo contrario, una estafa en potencia. Es una forma triste de operar en un ecosistema que prometía liberarnos de la necesidad de confiar en intermediarios.

  • El metaverso que nunca existió

    El metaverso que nunca existió

    En octubre de 2021, Mark Zuckerberg subió a un escenario virtual para anunciar que Facebook, la empresa que había convertido la intimidad humana en mercancía, se rebautizaba como Meta. El futuro, proclamó con esa mezcla de entusiasmo y vacuidad que caracteriza al CEO de Silicon Valley medio, sería el metaverso: un universo digital inmersivo donde trabajaríamos, socializaríamos, compraríamos y viviríamos nuestras mejores vidas como avatares sin piernas. La humanidad estaba a punto de dar un salto evolutivo. Tres años después, podemos certificar que aquello fue una estafa narrativa de proporciones históricas.

    Meta ha invertido más de 50.000 millones de dólares en su división Reality Labs, el agujero negro contable donde se desarrolla el metaverso. Los resultados son, siendo generosos, patéticos. Horizon Worlds, la plataforma social de Meta, registra cifras de usuarios tan humillantes que la empresa dejó de publicarlas. Los propios empleados de Meta evitan usar el producto que se supone definirá el futuro de la compañía. El metaverso de Zuckerberg es un parque temático abandonado antes siquiera de abrir.

    Pero la verdadera estafa del metaverso no ocurrió en las oficinas de Meta; ocurrió en plataformas como Decentraland y The Sandbox, donde se vendieron terrenos virtuales por precios que desafiaban toda lógica. En el pico de la burbuja, una parcela de píxeles en Decentraland podía costar más que un apartamento real en una ciudad real. Celebridades compraron mansiones digitales. Marcas de lujo abrieron tiendas virtuales. JPMorgan, que no es precisamente una startup ingenua, inauguró una sucursal en el metaverso con toda la pompa que el absurdo ameritaba.

    La premisa de esta estafa descansaba sobre una falacia de escasez artificial. Los promotores argumentaban que el terreno virtual era limitado —cada plataforma tiene un número finito de parcelas— y que, por tanto, su valor solo podía aumentar. Era el mismo argumento que se empleó durante la burbuja inmobiliaria de 2008: la tierra es finita, la demanda es infinita, compre ahora o quédese fuera. Lo que olvidaban mencionar es que cualquiera puede crear un metaverso nuevo, que la escasez digital es una convención arbitraria, y que un terreno sin visitantes vale exactamente cero.

    Los números actuales son devastadores. Decentraland, que llegó a capitalizar miles de millones, registra apenas unas pocas docenas de usuarios activos simultáneos en un día típico. Las marcas que abrieron tiendas virtuales las han cerrado discretamente o las mantienen como mausoleos del hype. Los terrenos que se vendieron por cientos de miles de dólares no encuentran compradores ni a una fracción de su precio original. La estafa ha concluido; solo quedan los escombros.

    ¿Por qué fracasó el metaverso? Las razones son múltiples, pero la fundamental es simple: nadie lo necesitaba. La promesa de un mundo virtual inmersivo presupone que la realidad es insuficiente, que anhelamos escapar de nuestros cuerpos y nuestros espacios físicos hacia una simulación inferior. Es una premisa que solo tiene sentido para ingenieros de Silicon Valley que ya viven abstraídos de la experiencia humana ordinaria. Para el resto de la humanidad, una videollamada funciona perfectamente bien; no necesitamos convertirnos en muñecos de Playmobil para hablar con colegas.

    El metaverso también fracasó por razones tecnológicas. Los cascos de realidad virtual siguen siendo aparatosos, caros y nauseabundos —literalmente: un porcentaje significativo de usuarios experimenta mareos—. La latencia hace imposible la interacción fluida. Los gráficos, a pesar de los miles de millones invertidos, parecen sacados de un videojuego de 2005. Se nos prometió Ready Player One y se nos entregó Second Life con peor rendimiento.

    La estafa del metaverso tuvo consecuencias reales. Inversores minoristas perdieron fortunas en terrenos que ahora no valen nada. Empresas desviaron recursos hacia iniciativas metaversales que nunca generaron retorno. Y sobre todo, se desvió atención y capital de problemas tecnológicos genuinos hacia una fantasía que beneficiaba principalmente a quienes vendían la infraestructura del sueño.

    Zuckerberg, por su parte, ya ha comenzado a pivotar hacia la inteligencia artificial, el nuevo objeto brillante de Silicon Valley. El metaverso, esa revolución que iba a redefinir la existencia humana, ha quedado relegado a una nota a pie de página en la historia de las burbujas tecnológicas. Quienes compraron terrenos virtuales tendrán que consolarse visitando sus parcelas vacías, solos, en un mundo que nadie más quiso habitar.

  • Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Las criptomonedas y la religión del dinero mágico

    Del whitepaper de Satoshi al colapso de FTX: cómo una idea libertaria se convirtió en casino global

    En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba en un PDF. El 31 de octubre de 2008, una entidad anónima llamada Satoshi Nakamoto publicó un documento técnico de nueve páginas que prometía liberar a la humanidad de la tiranía de los bancos centrales. El whitepaper de Bitcoin era, en su concepción original, un ejercicio de criptografía aplicada al anarcocapitalismo: una moneda sin Estado, sin intermediarios, sin confianza necesaria en instituciones corruptas. Quince años después, aquella utopía libertaria se ha convertido en la estafa más sofisticada de la historia financiera moderna.

    Conviene ser precisos: la tecnología blockchain es real y tiene aplicaciones legítimas. El problema no es la criptografía, sino lo que se ha construido sobre ella. El ecosistema cripto actual se asemeja menos a una revolución monetaria que a un vasto esquema de transferencia de riqueza desde los ingenuos hacia los astutos, desde los tardíos hacia los tempranos, desde los pobres hacia los ya ricos.

    La mecánica de esta estafa opera a varios niveles simultáneos. En el nivel más básico, tenemos la volatilidad estructural: un activo que puede perder el 80% de su valor en meses no es una moneda, es un billete de lotería. Ningún comerciante sensato acepta pagos en un instrumento cuyo valor puede desplomarse mientras procesa la transacción. Bitcoin ha fracasado estrepitosamente como medio de intercambio —su función declarada— y sobrevive únicamente como vehículo especulativo.

    Pero la verdadera estafa reside en la asimetría informativa. Los grandes tenedores de Bitcoin —las ballenas, en la jerga del sector— pueden mover mercados con un solo tweet. Elon Musk demostró esta realidad de forma obscena cuando sus mensajes en redes sociales provocaban oscilaciones de miles de millones de dólares. Mientras tanto, el inversor minorista opera a ciegas, sin las herramientas ni la información necesaria para competir en este casino amañado.

    El colapso de FTX en noviembre de 2022 cristalizó todo lo podrido del ecosistema. Sam Bankman-Fried, el niño prodigio de rizos despeinados que había convencido a reguladores, periodistas y celebridades de que representaba el rostro responsable de las criptomonedas, resultó ser un estafador convencional envuelto en jerga tecnológica. FTX, que llegó a valer 32.000 millones de dólares, era poco más que un esquema Ponzi con servidores: los fondos de los clientes se desviaban sistemáticamente hacia Alameda Research, el hedge fund del propio Bankman-Fried, para financiar inversiones ruinosas, donaciones políticas y un estilo de vida extravagante en las Bahamas.

    Lo más revelador del caso FTX no fue el fraude en sí —los fraudes existen desde que existe el dinero—, sino la complicidad institucional que lo hizo posible. Fondos de inversión reputados como Sequoia Capital y SoftBank invirtieron miles de millones sin realizar una due diligence mínima. Medios de comunicación prestigiosos publicaron perfiles hagiográficos del joven genio altruista. Políticos de ambos partidos en Estados Unidos aceptaron sus donaciones sin hacer preguntas incómodas. La estafa de FTX no fue obra de un solo hombre; fue un fracaso sistémico de todos los mecanismos de control que supuestamente protegen al inversor.

    El argumento más pernicioso de los defensores de las criptomonedas es que los excesos de actores malos no invalidan la tecnología subyacente. Es un argumento técnicamente correcto y profundamente deshonesto. Cuando un ecosistema produce fraudes de forma tan consistente —Mt. Gox, BitConnect, OneCoin, Celsius, Voyager, BlockFi, FTX, y la lista continúa—, el problema no son las manzanas podridas, sino el árbol envenenado. La ausencia de regulación, celebrada como una virtud por los criptolibertarios, es precisamente lo que convierte al sector en un paraíso para estafadores.

    El balance final de quince años de criptomonedas es desolador. No han democratizado las finanzas; han creado una nueva élite de cripto-oligarcas. No han protegido contra la inflación; han destruido más riqueza de la que han generado. No han liberado a nadie de los bancos; han sometido a millones a plataformas infinitamente menos reguladas y más peligrosas. La revolución prometida era, desde el principio, una estafa con pretensiones filosóficas.

  • Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Espejismos digitales: anatomía de la estafa del siglo XXI

    Hay una vieja máxima en el mundo de las finanzas que sostiene que, cuando el dinero fácil abunda, los estafadores florecen. La década que va de 2015 a 2025 ha demostrado que esa máxima se queda corta: cuando el dinero fácil se combina con tecnología incomprensible y regulación inexistente, lo que florece no son estafadores aislados, sino ecosistemas enteros de extracción de riqueza tan sofisticados que sus propias víctimas los defienden con fervor religioso.

    Este ciclo de artículos que comienza hoy nace de una perplejidad. ¿Cómo es posible que sociedades que se precian de su sofisticación financiera —que han desarrollado durante siglos mecanismos para proteger al inversor, que recuerdan con horror la crisis de 2008, que enseñan en sus escuelas de negocios casos de estudio sobre burbujas históricas— hayan caído, colectiva y repetidamente, en estafas cuya arquitectura era visible para cualquiera que quisiera mirar? ¿Cómo explicar que millones de personas entregaran sus ahorros a adolescentes anónimos que prometían revolucionar las finanzas desde apartamentos en las Bahamas? ¿Qué mecanismo psicológico y social permitió que la palabra «descentralizado» funcionara como un conjuro capaz de suspender todo escepticismo?

    La respuesta, sospecho, tiene menos que ver con la tecnología que con algo más antiguo y más humano: la codicia democratizada. Durante décadas, el ciudadano medio observó cómo las élites financieras se enriquecían mediante instrumentos opacos e inaccesibles. La promesa del fintech —de las criptomonedas, de las finanzas descentralizadas, de los tokens y los NFTs— fue que cualquiera podía ahora sentarse a la mesa donde se repartía el botín. Lo que nadie mencionó es que, en esa mesa, el ciudadano medio no era el jugador; era el producto.

    La estafa como fenómeno cultural

    Las estafas que documentaremos comparten una característica que las distingue de los fraudes financieros tradicionales: su dimensión cultural. Bernie Madoff operaba en la sombra, cultivando la exclusividad y el secretismo. Los estafadores del fintech operan a plena luz, con podcasts, cuentas de Twitter verificadas, conferencias en Dubai y entrevistas en medios respetables. No se esconden; se exhiben.

    Esta visibilidad no es accidental. Es parte integral del mecanismo de la estafa. Cuando un emprendedor de 28 años posa en la portada de Forbes junto a titulares sobre su genialidad disruptiva, cuando un expresidente de Estados Unidos aparece en un anuncio del Super Bowl promocionando criptomonedas, cuando casas de subastas centenarias venden JPEGs de simios por millones de dólares, el mensaje implícito es que esto es legítimo. La estafa contemporánea no necesita ocultarse porque ha sido normalizada, integrada en el tejido de la cultura mainstream, bendecida por instituciones que deberían saber mejor.

    El resultado es una inversión perversa de la carga de la prueba. Quien señala que el emperador está desnudo —que los rendimientos son insostenibles, que los tokens carecen de valor intrínseco, que los fundadores tienen antecedentes dudosos— es descartado como un aguafiestas tecnófobo, un representante del viejo mundo incapaz de comprender el nuevo paradigma. La estafa se protege a sí misma mediante una comunidad de creyentes que atacan viciosamente cualquier heterodoxia.

  • La Inteligencia Artificial revoluciona la banca española

    La Inteligencia Artificial revoluciona la banca española

    La inteligencia artificial se posiciona como la tecnología más disruptiva para el sector financiero español en 2025, superando incluso a las finanzas abiertas según los líderes de la industria. El 40% de los expertos asegura que la IA tendrá un impacto transformador en el desenvolvimiento de empresas y negocios financieros.

    Los bancos españoles están integrando algoritmos avanzados para automatizar procesos, personalizar servicios y mejorar la detección de fraudes. BBVA lidera esta transformación con la implementación de ChatGPT Enterprise y su plataforma ADA (Analytics, Data, AI), mientras CaixaBank invierte 1.368 millones en tecnología y desarrollo, un 8,3% más que el año anterior.

    Las aplicaciones de IA incluyen asesores robóticos para presupuestos inteligentes, análisis predictivo de tendencias del mercado, trading automatizado y gestión de carteras mediante cálculos de riesgo personalizados. La biometría del comportamiento gana terreno sobre las modalidades estáticas, ofreciendo autenticación continua basada en patrones de escritura y navegación.

    Se espera que las plataformas de banca abierta concentren el 23% del volumen de inversión, seguidas por las fintech de créditos (21%) y neobancos (21%). Esta convergencia tecnológica promete reducir costos operativos, mejorar la accesibilidad a servicios financieros y crear experiencias hiperpersonalizadas que redefinirán la relación banco-cliente en la era digital.

  • El impacto de la tecnología en las finanzas personales

    El impacto de la tecnología en las finanzas personales

    La tecnología ha tenido un gran impacto en la forma en que manejamos nuestras finanzas personales, proporcionando herramientas que facilitan la gestión del dinero y mejoran la toma de decisiones financieras. Desde aplicaciones móviles hasta plataformas de inversión automatizadas, las innovaciones tecnológicas han transformado la manera en que ahorramos, invertimos y gastamos nuestro dinero.

    Las aplicaciones de banca móvil son uno de los avances más significativos, permitiendo a los usuarios acceder a sus cuentas, realizar transferencias y pagar facturas desde cualquier lugar y en cualquier momento. Estas aplicaciones ofrecen funciones como alertas de saldo, categorización de gastos y análisis financiero, lo que ayuda a mantener un control más riguroso de las finanzas personales. Además, la integración de la inteligencia artificial permite ofrecer recomendaciones personalizadas basadas en los hábitos de gasto del usuario.

    Otro aspecto crucial es el uso de herramientas de presupuesto en línea. Estas plataformas permiten a los usuarios crear y seguir presupuestos detallados, identificar áreas de gasto excesivo y establecer metas de ahorro. Aplicaciones como Mint, YNAB (You Need A Budget) y PocketGuard se han vuelto populares por su capacidad para consolidar información financiera de múltiples cuentas y tarjetas de crédito en un solo lugar, proporcionando una visión integral de las finanzas personales.

    La inversión también ha sido impactada significativamente por la tecnología. Los robo-advisors, servicios de asesoría financiera automatizados, utilizan algoritmos para gestionar y optimizar carteras de inversión. Empresas como Betterment, Wealthfront y Robinhood han democratizado el acceso a la inversión, ofreciendo servicios con tarifas más bajas y accesibles para una mayor cantidad de personas. Estas plataformas facilitan la inversión en una amplia gama de activos, desde acciones y bonos hasta fondos indexados y ETFs, sin la necesidad de conocimientos financieros profundos.

    Las criptomonedas y la tecnología blockchain representan otra área de innovación. Aunque aún emergente, esta tecnología ofrece nuevas formas de transaccionar y almacenar valor, y ha dado lugar a nuevas oportunidades de inversión. Plataformas como Coinbase y Binance permiten a los usuarios comprar, vender y almacenar criptomonedas de manera segura y accesible.

    La ciberseguridad se ha vuelto una preocupación principal con la digitalización de las finanzas.

  • Swatch Pay, pago con relojes

    Swatch Pay, pago con relojes

    CaixaBank, en colaboración con su filial de medios de pago CaixaBank Payments & Consumer y Visa, y la marca suiza de relojes Swatch lanzan en España el servicio Swatch Pay. De esta forma, los clientes de la entidad financiera serán los primeros del mercado español que podrán descargar su tarjeta Visa emitida por CaixaBank en un reloj Swatch y utilizarlo para realizar compras en comercios.

    Swatch Pay es un nuevo medio de pago que permite descargar las tarjetas en relojes Swatch y efectuar pagos contactless con ella. La experiencia de usuario es muy similar a la de otros sistemas de pago para wearables inteligentes, con la característica de que Swatch Pay se puede utilizar con relojes Swatch, sin memoria ni conexión a Internet.

    Esto es posible debido a la innovación desplegada por Swatch, que ha incorporado a algunos de sus nuevos modelos de reloj la tecnología necesaria para almacenar de forma segura una tarjeta digitalizada. Asimismo, los relojes cuentan con antena contactless para la vinculación de tarjetas y la realización de pagos. Swatch ya ofrece varios modelos con estas características, y la marca tiene previstos nuevos lanzamientos. Swatch Pay está actualmente activo en una quincena de países en todo el mundo.

    Por su parte, CaixaBank y Visa han trabajado con Swatch para hacer posible que las tarjetas Visa emitidas por la entidad puedan ser compatibles con Swatch Pay y resulten plenamente operativas en los pagos con relojes Swatch.

    Swatch Pay, experiencia de usuario sencilla e intuitiva

    El primer paso para usar Swatch Pay, como en cualquier otro medio de pago digital, es la descarga de la tarjeta en el dispositivo con el que se efectuarán los pagos. El cliente debe disponer en su móvil de la aplicación Swatch Pay! con versión para Android y para iOS. Con ella, podrá descargar fácilmente su tarjeta Visa de CaixaBank en su reloj Swatch. Solo es posible tener descargada una única tarjeta a Swatch Pay!

    Los usuarios de terminales Android e iOS simplemente tendrán que acercar su móvil al reloj Swatch. También existe la posibilidad de hacerlo directamente en la tienda donde se adquiera el reloj, donde se le facilita al cliente un código QR que deberá escanear con su móvil para, a continuación, aproximar el reloj y completar la descarga. Por último, quienes compren su reloj Swatch en la tienda online oficial de la marca, https://www.swatch.com, tendrán la opción de indicar qué tarjeta quieren descargar en el nuevo dispositivo y lo recibirán ya adecuadamente configurado.

    Una vez completada la vinculación, el usuario ya puede realizar pagos contactless en los comercios, simplemente acercando su muñeca al datáfono, sin desprenderse nunca del reloj. Son compras en las mismas condiciones a las que se efectúan con cualquier tarjeta contactless, en cualquier formato, por lo que solo será necesario introducir el número PIN de la tarjeta descargada cuando se supere la cuantía de 50 euros o cuando así lo requiera el TPV por seguridad.

    A través de la aplicación CaixaBankNow, los clientes podrán gestionar todas sus tarjetas de CaixaBank, incluida la que tienen descargada a Swatch Pay, y acceder a servicios como el fraccionamiento de pago, el pago aplazado o la activación o bloqueo de las tarjetas, entre otras. Igualmente, cuenta con las garantías de seguridad características de los medios de pago de CaixaBank.

  • Microsoft y CaixaBank crean un laboratorio de innovación en Inteligencia Artificial y metaverso

    Microsoft y CaixaBank crean un laboratorio de innovación en Inteligencia Artificial y metaverso

    CaixaBank y Microsoft han establecido un acuerdo estratégico de innovación conjunta con el objetivo de potenciar la aplicación de la Inteligencia Artificial (IA) en nuevas soluciones financieras, así como crear nuevos entornos de trabajo innovadores ubicados en el Metaverso.

    El acuerdo supone la puesta en marcha de un Laboratorio de Inteligencia Artificial (AI Innovation Lab) entre ambas entidades, con especial involucración de CaixaBank Tech, la empresa tecnológica lanzada en 2021 para potenciar la evolución tecnológica del Grupo CaixaBank. Esta filial IT de CaixaBank cuenta con un equipo de profesionales especializados en la aplicación de la Inteligencia Artificial al sector financiero y también con un Centro de Excelencia propio para impulsar la innovación en este ámbito. El nuevo Laboratorio, ubicado en Barcelona, trabajará en coordinación con el Hub de I+D en Inteligencia Artificial que Microsoft tiene en la ciudad, compuesto por cerca de un centenar de desarrolladores de software, científicos de datos y especialistas en machine learning.

    Disrupción en los servicios financieros gracias la Inteligencia Artificial

    El AI Innovation Lab se centrará en el desarrollo de pruebas de concepto, prototipos y casos de uso que exploren la disrupción en los servicios financieros a partir de la aplicación de tecnologías de Inteligencia Artificial.

    Entre los primeros proyectos de co-innovación identificados, destacan los relacionados con la mejora de los modelos de IA usando nuevas tecnologías incipientes que se encuentran actualmente en el ámbito de la investigación, así como la incorporación de la Inteligencia Artificial en el día a día (‘AI at Scale’).

    Estas iniciativas podrán ir dirigidas a mejorar la eficiencia de los procesos, la experiencia del cliente o la ciberseguridad, entre otras áreas. Un ejemplo de estos proyectos innovadores es la creación de un ‘cyberassistant’, que permitiría ayudar a los empleados y unidades de backoffice a  reducir de forma relevante las actividades de menor valor añadido que realizan, para poder disponer de mayor tiempo en la gestión de sus actividades principales . Otra posibilidad sería explorar la mejora de las interfaces de usuario de los sistemas de forma que, tanto los clientes como los empleados, puedan comunicarse con la tecnología de la entidad mediante el lenguaje natural, sin tener que recordar menús o circuitos.

    CaixaBank y Microsoft trabajarán también en la creación de entornos virtuales interactivos (metaversos) que ofrezcan experiencias inmersivas, con aplicaciones en la mejora de la experiencia de clientes y empleados, así como en la puesta en marcha de escenarios de trabajo híbridos. El metaverso puede tener múltiples posibilidades en el sector financiero, desde la creación de un nuevo canal de interacción que extendería la experiencia de clientes hasta la creación de modelos de colaboración interna en oficinas virtuales, pasando por la incorporación y el desarrollo del talento, entre muchos otros

    CaixaBank es el banco más innovador en la aplicación de la Inteligencia Artificial a los servicios financieros en España. La entidad ha sido pionera a nivel mundial en el entrenamiento en español de la IA conversacional y en la puesta en marcha de asistentes cognitivos para atender a empleados y a clientes. Hoy en día, CaixaBank está aplicando toda la potencia de la IA al desarrollo de herramientas para sus gestores y sus clientes, así como a otros objetivos estratégicos, como la formación de sus empleados.

    Capacitación profesional para acelerar la innovación

    Como parte del acuerdo de co-innovación entre ambas compañías, CaixaBank y Microsoft definirán una serie de itinerarios formativos para los profesionales de las áreas técnicas y de negocio del banco, incluyendo el AI Business School for Financial Services, un programa de formación cuyo objetivo es adquirir un conocimiento estratégico sobre el impacto de la aplicación de la Inteligencia Artificial a los servicios financieros. Asimismo, se reforzará la formación técnica en las áreas de cloud, seguridad, gestión de datos e IA, en línea con la especialización en carreras tecnológicas que se potencia en CaixaBank Tech.

  • Corify Care gana los Premios EmprendeXXI en Madrid

    Corify Care gana los Premios EmprendeXXI en Madrid

    La start-up Corify Care ha ganado los Premios EmprendeXXI en Madrid, impulsados por CaixaBank, a través de DayOne, su división especializada para empresas de tecnología, innovación y sus inversores, y cootorgados por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, a través de ENISA. En Madrid la organización de los Premios EmprendeXXI cuenta con el apoyo de la Cámara de Comercio de Madrid y de la Fundación Madrid+d.

    Corify Care es una startup médica centrada en las arritmias cardiacas, que permite a más profesionales sanitarios tratar a más pacientes con mayor eficiencia. Esta tecnología mejora los pronósticos y el tratamiento de estas personas con patologías cardiacas, ya que proporciona a los médicos una herramienta no invasiva capaz de estratificarlos para ofrecerles tratamientos personalizados.

    El premio incluye una dotación económica de 6.000 euros, el acceso a formación internacional especializada impartida por ESADE y expertos de Silicon Valley, que en esta edición tendrá lugar en Múnich (Alemania), y la oportunidad de participar en el Investors Day EmprendeXXI, jornada donde mantendrán contacto con inversores y empresas con interés de colaborar con el ecosistema emprendedor.

    Un año más, CaixaBank y ENISA siguen impulsando y apoyando la actividad emprendedora, así como reconociendo la importante labor que desempeñan bajo el lema “Conviértete en un innovador del quince de los Premios EmprendeXXI”. Esta 15.ª edición introduce un cambio de nombre a los galardones, pasando a denominarse Premios EmprendeXXI con lo que se quiere reflejar la evolución y adaptación a las nuevas necesidades.

    En esta ocasión, el acto de entrega se ha realizado en durante un encuentro en la que han participado profesionales de la dirección territorial de CaixaBank y ENISA, entre otros ponentes. El acto de entrega de los premios se ha realizado en el marco de la jornada de innovación DayOne Innovation Summit, donde se ha realizado una sesión de contenido con Bdeo y Payflow, premiados en ediciones anteriores.

    Las empresas finalistas también han estado presentes durante la jornada y han presentado sus proyectos:

    • HarBest Market, el primer Marketplace que conecta restaurantes con pequeños agricultores de diferentes zonas de España para la compra y venta de frutas y hortalizas sin intermediarios.
    • Fossa Systems es una startup que desarrolla tecnologías de picosatélites de bajo coste para democratizar el acceso al espacio y mejorar los servicios de conectividad IoT.
    • WetalkAI ha desarrollado el primer software que automatiza en tiempo real la expresión emocional de los asistentes virtuales humanos digitales, sincronizándose con cualquier inteligencia conversacional del mercado (IA).
    • Hamelyn, una plataforma de recommerce dedicada a la compra y venta de libros usados para que puedan tener una segunda vida. Los usuarios podrán venderlos de forma cómoda y rápida desde casa, con recogida gratuita y pago instantáneo.

    En esta edición, en la que han participado un total de 763 start-ups de España y Portugal, se entregan 19 galardones a nivel territorial a las empresas de nueva creación con mayor impacto en su territorio: 17 en España (uno por comunidad autónoma) y 2 en Portugal (zona norte-centro y Lisboa-sur e Islas).

    En paralelo, se premiará a las empresas, de cualquier territorio, que ofrezcan las mejores soluciones a algunos de los retos actuales para la entidad y para la sociedad en general. Las empresas seleccionadas para esta categoría obtendrán un premio en metálico de 25.000 euros. En total, se han definido un total de 6 retos: Banca XXI (soluciones innovadoras que aporten valor a la oferta de productos y servicios del sector financiero); Ciudad XXI (dirigido a empresas que planteen soluciones para hacer que las ciudades y pueblos donde vivimos sean más sostenibles, seguros, conectados y con movilidad adaptada); Planeta XXI (propuestas innovadoras que ayuden a encontrar la mejor solución para un estilo de vida menos agresivo con los recursos naturales); Salud XXI (innovar en todo aquello que ayude a mejorar la salud de los ciudadanos a través de la tecnología); Semilla XXI (soluciones tecnológicas relacionadas con la industria agroalimentaria para establecer una producción más eficiente, efectiva, sostenible y saludable); Vive XXI (soluciones que ayuden a la reactivación del sector, así como nuevos modelos de negocio innovadores y soluciones que contribuyan a su digitalización).