Categoría: Corrupción

  • Los gurús del trading y la venta de humo

    Los gurús del trading y la venta de humo

    Existe una ley no escrita en el mundo del trading que debería grabarse en la entrada de cada academia financiera: quienes saben ganar dinero en los mercados lo ganan; quienes no saben, enseñan. La industria de la educación financiera online representa una de las estafas más sofisticadas y menos perseguidas de la economía digital: un ecosistema de gurús, coaches y mentores cuyo modelo de negocio consiste en vender la ilusión de riqueza a personas desesperadas por escapar de su realidad económica.

    El patrón es reconocible al instante. Un joven fotogénico posa junto a un Lamborghini alquilado, frente a una mansión de Airbnb, sosteniendo fajos de billetes que probablemente son atrezzo. Afirma haber descubierto un sistema secreto para generar ingresos pasivos desde cualquier lugar del mundo. Por una módica cantidad —que invariablemente aumenta con urgencia artificial: «solo quedan 3 plazas a este precio»—, compartirá contigo los conocimientos que le han permitido alcanzar la libertad financiera a los 23 años.

    El producto que venden estos gurús adopta múltiples formas: cursos de trading de divisas, academias de inversión en criptomonedas, señales de compraventa por Telegram, mastermind groups de emprendimiento digital. El contenido es intercambiable porque el contenido no importa. Lo que se vende es la fantasía de una vía de escape, la promesa de que existe un atajo hacia la riqueza que las élites han mantenido oculto y que tú, afortunado descubridor de este anuncio de Instagram, estás a punto de conocer.

    La estafa opera a varios niveles de sofisticación. En el más básico, el gurú simplemente desaparece con el dinero del curso, entregando material plagiado de YouTube o directamente nada. Pero las operaciones más refinadas construyen estructuras piramidales disfrazadas de programas educativos: quienes completan el curso básico son incentivados a convertirse en afiliados que reclutan nuevos alumnos a cambio de comisiones. El dinero no fluye de los mercados financieros hacia los estudiantes; fluye de los estudiantes nuevos hacia los estudiantes antiguos y, sobre todo, hacia el gurú en la cúspide.

    Los servicios de señales de trading representan quizá la modalidad más cínica de la estafa. Por una suscripción mensual, el gurú promete enviarte alertas sobre cuándo comprar y vender. El problema es matemático: si el gurú realmente supiera predecir el mercado con la precisión que promete, no necesitaría tus 99 euros mensuales; sería millonario operando con su propio capital. La realidad es que las señales son frecuentemente incorrectas, selectivamente reportadas para aparentar éxito, o simplemente copiadas de otros servicios en una cadena de ceguera financiera compartida.

    El perfil de la víctima típica es desgarrador: personas jóvenes sin educación financiera formal, trabajadores precarios buscando una salida, inmigrantes que han escuchado historias de compatriotas enriquecidos en el extranjero. La estafa explota deliberadamente la vulnerabilidad económica: quienes más necesitan el dinero son quienes más dispuestos están a creer en soluciones mágicas.

    Las redes sociales han amplificado exponencialmente el alcance de estos estafadores. Instagram, TikTok y YouTube están saturados de contenido que glorifica un estilo de vida financiado por la venta de cursos, no por los rendimientos de trading que esos cursos prometen enseñar. Los algoritmos favorecen el contenido aspiracional, creando cámaras de eco donde la estafa se normaliza y las voces críticas son ahogadas por un tsunami de testimonios falsos y éxito manufacturado.

    La regulación ha sido históricamente incapaz de abordar este fenómeno. Los gurús financieros operan en zonas grises legales, argumentando que venden educación, no asesoramiento financiero, y que no garantizan resultados. Es técnicamente cierto y profundamente deshonesto: todo su marketing implica garantías que sus disclaimers legales desmienten en letra pequeña.

    El daño causado por esta industria va más allá del dinero perdido en cursos inútiles. Quienes intentan aplicar lo aprendido frecuentemente pierden sus ahorros en los mercados, víctimas de estrategias que nunca funcionaron. La confianza destruida en la educación financiera legítima dificulta que las víctimas busquen posteriormente formación genuina. Y el tiempo invertido en perseguir sueños imposibles es tiempo robado a alternativas reales de mejora económica.

    La estafa de los gurús financieros prosperará mientras exista desigualdad económica y analfabetismo financiero. Son las condiciones perfectas para vendedores de esperanza embotellada. El único antídoto es una verdad incómoda que ningún gurú te dirá: no existen atajos hacia la riqueza, los mercados financieros no son un camino hacia la libertad para la mayoría de participantes, y quien te promete lo contrario probablemente te está vendiendo algo.

  • El metaverso que nunca existió

    El metaverso que nunca existió

    En octubre de 2021, Mark Zuckerberg subió a un escenario virtual para anunciar que Facebook, la empresa que había convertido la intimidad humana en mercancía, se rebautizaba como Meta. El futuro, proclamó con esa mezcla de entusiasmo y vacuidad que caracteriza al CEO de Silicon Valley medio, sería el metaverso: un universo digital inmersivo donde trabajaríamos, socializaríamos, compraríamos y viviríamos nuestras mejores vidas como avatares sin piernas. La humanidad estaba a punto de dar un salto evolutivo. Tres años después, podemos certificar que aquello fue una estafa narrativa de proporciones históricas.

    Meta ha invertido más de 50.000 millones de dólares en su división Reality Labs, el agujero negro contable donde se desarrolla el metaverso. Los resultados son, siendo generosos, patéticos. Horizon Worlds, la plataforma social de Meta, registra cifras de usuarios tan humillantes que la empresa dejó de publicarlas. Los propios empleados de Meta evitan usar el producto que se supone definirá el futuro de la compañía. El metaverso de Zuckerberg es un parque temático abandonado antes siquiera de abrir.

    Pero la verdadera estafa del metaverso no ocurrió en las oficinas de Meta; ocurrió en plataformas como Decentraland y The Sandbox, donde se vendieron terrenos virtuales por precios que desafiaban toda lógica. En el pico de la burbuja, una parcela de píxeles en Decentraland podía costar más que un apartamento real en una ciudad real. Celebridades compraron mansiones digitales. Marcas de lujo abrieron tiendas virtuales. JPMorgan, que no es precisamente una startup ingenua, inauguró una sucursal en el metaverso con toda la pompa que el absurdo ameritaba.

    La premisa de esta estafa descansaba sobre una falacia de escasez artificial. Los promotores argumentaban que el terreno virtual era limitado —cada plataforma tiene un número finito de parcelas— y que, por tanto, su valor solo podía aumentar. Era el mismo argumento que se empleó durante la burbuja inmobiliaria de 2008: la tierra es finita, la demanda es infinita, compre ahora o quédese fuera. Lo que olvidaban mencionar es que cualquiera puede crear un metaverso nuevo, que la escasez digital es una convención arbitraria, y que un terreno sin visitantes vale exactamente cero.

    Los números actuales son devastadores. Decentraland, que llegó a capitalizar miles de millones, registra apenas unas pocas docenas de usuarios activos simultáneos en un día típico. Las marcas que abrieron tiendas virtuales las han cerrado discretamente o las mantienen como mausoleos del hype. Los terrenos que se vendieron por cientos de miles de dólares no encuentran compradores ni a una fracción de su precio original. La estafa ha concluido; solo quedan los escombros.

    ¿Por qué fracasó el metaverso? Las razones son múltiples, pero la fundamental es simple: nadie lo necesitaba. La promesa de un mundo virtual inmersivo presupone que la realidad es insuficiente, que anhelamos escapar de nuestros cuerpos y nuestros espacios físicos hacia una simulación inferior. Es una premisa que solo tiene sentido para ingenieros de Silicon Valley que ya viven abstraídos de la experiencia humana ordinaria. Para el resto de la humanidad, una videollamada funciona perfectamente bien; no necesitamos convertirnos en muñecos de Playmobil para hablar con colegas.

    El metaverso también fracasó por razones tecnológicas. Los cascos de realidad virtual siguen siendo aparatosos, caros y nauseabundos —literalmente: un porcentaje significativo de usuarios experimenta mareos—. La latencia hace imposible la interacción fluida. Los gráficos, a pesar de los miles de millones invertidos, parecen sacados de un videojuego de 2005. Se nos prometió Ready Player One y se nos entregó Second Life con peor rendimiento.

    La estafa del metaverso tuvo consecuencias reales. Inversores minoristas perdieron fortunas en terrenos que ahora no valen nada. Empresas desviaron recursos hacia iniciativas metaversales que nunca generaron retorno. Y sobre todo, se desvió atención y capital de problemas tecnológicos genuinos hacia una fantasía que beneficiaba principalmente a quienes vendían la infraestructura del sueño.

    Zuckerberg, por su parte, ya ha comenzado a pivotar hacia la inteligencia artificial, el nuevo objeto brillante de Silicon Valley. El metaverso, esa revolución que iba a redefinir la existencia humana, ha quedado relegado a una nota a pie de página en la historia de las burbujas tecnológicas. Quienes compraron terrenos virtuales tendrán que consolarse visitando sus parcelas vacías, solos, en un mundo que nadie más quiso habitar.

  • Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Los memecoins presidenciales: Trump, Milei y la monetización del populismo

    Existe un momento en toda civilización decadente en que la distinción entre política y espectáculo se disuelve por completo. Ese momento, para Occidente, llegó cuando presidentes en ejercicio comenzaron a lanzar criptomonedas meme para enriquecerse directamente a costa de sus propios votantes. No estamos ante una metáfora del populismo como estafa; estamos ante la estafa literal, desnuda, sin disimulo.

    El 17 de enero de 2025, apenas tres días antes de su segunda investidura, Donald Trump anunció el lanzamiento de $TRUMP, un token digital sin utilidad alguna más allá de la especulación pura. La mecánica era transparente en su obscenidad: el 80% de los tokens quedaba en manos de entidades vinculadas al propio Trump, mientras el 20% restante se lanzaba al público para crear liquidez artificial. En cuestión de horas, la capitalización de mercado alcanzó cifras astronómicas. Los seguidores del presidente electo, convencidos de participar en algo histórico, compraron frenéticamente. Luego vino el desplome.

    Lo que hace única esta estafa es su carácter abiertamente político. Los compradores de $TRUMP no adquirían un activo financiero; compraban una profesión de fe. El token funcionaba como merchandising ideológico, como una gorra MAGA convertida en instrumento especulativo. Y precisamente por eso resultaba tan eficaz: criticar el token equivalía a criticar al líder, lo cual convertía cualquier advertencia en sospechosa de parcialidad política.

    Javier Milei, el presidente argentino que ha hecho del libertarismo de redes sociales su marca personal, protagonizó un episodio aún más grotesco. En febrero de 2025, Milei promocionó activamente el token $LIBRA ante sus millones de seguidores en redes sociales. El patrón fue idéntico al de tantas estafas cripto: pump and dump ejecutado con precisión quirúrgica. El precio se disparó tras el respaldo presidencial; los insiders vendieron en el pico; el valor se desplomó; los pequeños inversores —muchos de ellos argentinos de clase media que confiaban ciegamente en su presidente— perdieron sus ahorros.

    La defensa de Milei fue tan cínica como predecible: él solo había compartido información, no había recomendado invertir, cada adulto es responsable de sus decisiones. Es el mismo argumento que emplean todos los promotores de esquemas fraudulentos, desde los vendedores de crecepelo hasta los gurús de marketing multinivel. La diferencia es que Milei no es un influencer cualquiera; es el jefe de Estado de una nación sumida en crisis económica, cuyos ciudadanos depositan en él una confianza que debería ser sagrada.

    El fenómeno de los memecoins presidenciales revela una verdad incómoda sobre el populismo contemporáneo: la relación entre líder y seguidor se ha transformado en una transacción económica directa. Ya no basta con votar, asistir a mítines o comprar mercancía oficial; ahora se espera que el fiel invierta sus ahorros en vehículos financieros controlados por el propio líder. Es el paso lógico de un sistema que ha convertido la política en entretenimiento y el entretenimiento en extracción de valor.

    Los defensores de estas prácticas argumentan que los tokens meme son transparentes en su inutilidad —nadie promete que $TRUMP cure enfermedades ni que $LIBRA genere dividendos—. Es un argumento que confunde transparencia con honestidad. Cuando un presidente promociona un activo especulativo, está empleando el capital simbólico del cargo para inducir comportamientos financieros en ciudadanos que confían en él. Eso no es libertad de mercado; es abuso de poder con ánimo de lucro.

    La ausencia de consecuencias legales para estos actos es quizá lo más perturbador. En cualquier otro contexto, un ejecutivo que lanzara un token, lo promocionara públicamente y vendiera en el pico enfrentaría cargos por manipulación de mercado. Pero los presidentes operan en una zona gris legal que la regulación financiera no ha sabido abordar. El resultado es una impunidad que invita a la imitación.

    Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo modelo de corrupción digital: directa, pública, gamificada. La estafa ya no necesita ocultarse en paraísos fiscales ni disfrazarse de consultoría; puede ejecutarse a la luz del día, con la bendición de millones de seguidores que celebran cada pump como una victoria tribal. El populismo ha encontrado su forma definitiva de monetización, y los únicos que pagan el precio son los verdaderos creyentes.

  • El coste oculto de la corrupción: Cómo afecta al bolsillo de todos los españoles

    El coste oculto de la corrupción: Cómo afecta al bolsillo de todos los españoles

    La corrupción representa un gravamen invisible que todos los ciudadanos españoles pagan sin saberlo, con un coste estimado entre el 2% y 5% del PIB nacional según organismos internacionales. Este fenómeno drena sistemáticamente las arcas públicas, reduciendo la calidad de servicios esenciales como sanidad, educación e infraestructuras.

    Cada euro desviado por prácticas corruptas multiplica su impacto negativo: encarece la contratación pública hasta un 30%, reduce la competitividad empresarial, distorsiona el mercado y genera desconfianza institucional que desincentiva la inversión extranjera. Los ciudadanos sufren las consecuencias mediante mayores impuestos, servicios públicos deficientes y menor crecimiento económico.

    La factura real incluye sobrecostes en obras públicas, adjudicaciones fraudulentas, malversación de fondos europeos y pérdida de oportunidades de desarrollo. Estudios del Banco Mundial demuestran que países con altos niveles de corrupción experimentan tasas de crecimiento significativamente menores, perpetuando círculos viciosos de pobreza y desigualdad.

    La transparencia y el fortalecimiento institucional se convierten en inversiones rentables: cada euro invertido en prevención de corrupción genera ahorros múltiples en el largo plazo. La tecnología blockchain, auditorías independientes y sistemas de contratación pública digital emergen como herramientas fundamentales para recuperar la confianza ciudadana y optimizar el uso de recursos públicos.eo** de innovación en pagos digitales, estableciendo estándares que influirán en el desarrollo global del sector.

  • Idealista, entre las empresas multadas por imponer comisiones mínimas

    Idealista, entre las empresas multadas por imponer comisiones mínimas

    La Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC) ha sancionado a las inmobiliarias Anaconda; Idealista; Inmovilla; Look & Find; MLS; Remax y Witei por haber llevado a cabo una serie de acuerdos para fijar precios e intercambiar información en el mercado de la intermediación inmobiliaria.

    En noviembre de 2019, la CNMC llevó a cabo diversas inspecciones en la sede de varias empresas y asociaciones del sector de la intermediación inmobiliaria y, posteriormente, en febrero de 2020, inició un expediente contra las empresas ahora sancionadas.

    Las empresas utilizaban un sistema conocido como MLS (Multiple Listing System). Este sistema de colaboración, importado de Estados Unidos, funciona mediante una base de datos que permite a las inmobiliarias usuarias compartir inmuebles captados en régimen de exclusiva compartida.

    Modus Operandi

    Cuando una inmobiliaria usuaria del MLS capta un inmueble (venta/alquiler) puede incluirlo en el sistema, lo que permite al resto de usuarios realizar la venta. En ese caso, la “oficina captadora” y la “oficina vendedora” comparten la comisión pactada por el servicio global de intermediación ofrecido.

    En 2002, las empresas Remax y Look&Find promovieron el proyecto en nuestro país. Habitania, posteriormente adquirida por Idealista (Idealista Tools), se encargó del desarrollo tecnológico. En el año 2012, Inmovilla y Habitania adaptaron sus sistemas para que ambos fueran compatibles con el sistema. En 2017, la empresa Anaconda, constituida por Remax, Look&Find y MLS, se sumó a la estructura y se encargó de desarrollar y gestionar una base común de compartición de inmuebles.

    Además de las empresas franquiciadoras Remax y Look&Find, las empresas proveedoras de software inmobiliario Idealista (a través de Idealista Tools), Inmovilia y Witei contribuyeron de forma activa a desarrollar e implementar el sistema mediante el que se cometió la infracción.

    Amenaza de sanciones disciplinarias

    Las franquiciadoras que desarrollaron este sistema MLS aprobaron un reglamento obligatorio para las inmobiliarias usuarias que exigía aplicar la comisión mínima del 4% en las ventas y de un mes en los alquileres. También imponía un reparto de la comisión al 50% entre la oficina captadora del inmueble y la que cerrase la transacción.

    El incumplimiento de las reglas podía conllevar sanciones disciplinarias e, incluso, la suspensión de la condición de asociado, con la consiguiente imposibilidad de acceder a la bolsa de inmuebles.

    Las empresas de software también participaron en la conducta anticompetitiva, ya que estuvieron en reuniones de diseño del sistema y establecieron filtros y otros medios de control que aseguraban que todos los inmuebles subidos al sistema cumplían con las condiciones exigidas en el reglamento interno.

    La implantación de un software que permitía el seguimiento de honorarios en inmuebles captados de competidores y el acceso a información sensible entre ellos permitió asegurar la aplicación del sistema en el mercado inmobiliario, que se caracteriza por estar atomizado por el lado de la oferta y de la demanda.

    En consecuencia, tanto las normas como los desarrollos de software limitaron la competencia entre las inmobiliarias al establecer comisiones mínimas y otras condiciones comerciales y generar un nivel de transparencia incompatible con la competencia necesaria entre las entidades.

    Además, excluyeron de las ventajas del sistema MLS a aquellas entidades que no estaban dispuestas a aceptar las reglas contrarias a la competencia contenidas en el reglamento.

    Idealista, la empresa con mayor multa

    La CNMC ha acreditado la existencia de acuerdos entre las empresas Remax, Look&Find, MLS, Anaconda, Idealista, Inmovilla y Witei.

    Los mismos han consistido en la aprobación, puesta en marcha y establecimiento de sistemas de control de cumplimiento de unas normas que incluyen la fijación de una comisión mínima de obligado cumplimiento para las agencias que desean hacer uso del sistema MLS desarrollado, así como el intercambio de información sobre las comisiones de las agencias por sus servicios de intermediación inmobiliaria.

    Por ello se declara la existencia de una infracción muy grave de los artículos 1 de la Ley 15/2007, de 3 de julio, de Defensa de la Competencia y 101 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, constitutiva de cártel. En consecuencia, la CNMC ha impuesto las siguientes sanciones a las empresas: Anaconda (1.749 euros); Idealista (730.000 euros); Inmovilla (83.149 euros); Look & Find (31.486 euros); MLS (9.942 euros); Remax (375.720 euros), y Witei (18.925 euros).

  • Investigación de un presunto caso de corrupción en Banco de España

    Investigación de un presunto caso de corrupción en Banco de España

    El Banco de España ha abierto una investigación interna para comprobar si tres inspectores utilizaron medios del organismo para tener una academia de preparación de oposiciones en la sombra, según ha revelado en las últimas semanas elDiario.es.

    La investigación de elDiario.es

    El diario dirigido por Ignacio Escolar ha publicado esta exclusiva, según la cual estos tres inspectores llevarían al menos cinco años cobrando mayoritariamente en metálico y en efectivo, aprovechando su buena posición dentro del Banco de España.

    No es el primer caso de este tipo de corrupción que revela elDiario.es, después de haber publicado en agosto otros similares de pagos a jueces y fiscales tras realizar otra investigación.

    Al parecer, para entrar en este sistema clandestino hay que tener recomendación de otros estudiantes o contactos, pues no dejan rastro posible.

    Los supuestos implicados serían dos hermanos y otra inspectora más, que habrían estado enseñando Contabilidad, Estadística, Matemáticas y Sistemas Financieros. El precio serían 160 euros al mes por alumno y asignatura con tres horas semanales y posibilidad de tutorías por email, teléfono o Whatsapp, siempre según la investigación de elDiario.es

    El trabajo de los inspectores del Banco de España

    Los Inspectores de Entidades de Crédito tienen como misión el examen y valoración de la situación y actuación de las entidades de crédito y el cumplimiento por las mismas de las normas de obligada observancia, mediante las oportunas visitas de inspección, el análisis de la información que las entidades están obligadas a suministrar al Banco de España y la elaboración de los correspondientes informes; estos cometidos incluyen la inspección de organismos internacionales, en especial, del Sistema Europeo de Bancos Centrales, así como las consiguientes relaciones institucionales.

    Las pruebas de oposición tienen un doble baremo donde el 75% de la nota corresponde a exámenes prácticos y el 25% restante a una valoración de méritos para la que se tiene en cuenta la formación, la experiencia profesional y la capacidad de comunicación y exposición técnica.

    La retribución del cargo se encuentra en torno a los 55.000 euros brutos anuales.