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  • Stablecoins inestables: Terra/Luna y el efecto dominó

    Stablecoins inestables: Terra/Luna y el efecto dominó

    Las stablecoins nacieron para resolver el problema más evidente de las criptomonedas: su volatilidad inutilizadora. Una moneda que puede perder el 20% de su valor mientras duermes no sirve como medio de intercambio ni como reserva de valor. Las stablecoins prometían lo mejor de ambos mundos: la infraestructura cripto combinada con la estabilidad del dólar. Lo que algunas entregaron fue la mayor estafa algorítmica de la historia.

    El ecosistema Terra/Luna, creado por Do Kwon, un emprendedor surcoreano con más carisma que escrúpulos, proponía una arquitectura ingeniosa sobre el papel. UST, la stablecoin del sistema, mantenía su paridad con el dólar mediante un mecanismo de arbitraje con Luna, el token nativo. Cuando UST caía por debajo del dólar, se podía quemar UST para crear Luna, reduciendo la oferta y restaurando el precio. Cuando UST subía, se podía quemar Luna para crear UST. Era un perpetuum mobile financiero: una stablecoin respaldada únicamente por la fe en otra criptomoneda.

    Para atraer capital al ecosistema, Terra creó Anchor Protocol, que prometía un rendimiento del 20% anual sobre depósitos en UST. El rendimiento era insostenible por diseño —Anchor perdía dinero con cada depósito—, pero cumplía su función de cebo: miles de millones de dólares fluyeron hacia el protocolo de inversores seducidos por retornos imposibles. En su pico, Anchor contenía más de 14.000 millones de dólares en depósitos.

    La estafa de Terra/Luna no era, técnicamente, un fraude en el sentido legal. Do Kwon no robó dinero de una caja fuerte. Lo que hizo fue construir un sistema matemáticamente destinado al colapso y promocionarlo como una innovación revolucionaria. El mecanismo de estabilización de UST funcionaba mientras hubiera demanda creciente; en el momento en que esa demanda se invirtiera, el sistema entraría en una espiral de muerte donde cada venta de UST generaría más Luna, devaluando Luna, lo cual reduciría la confianza en UST, generando más ventas.

    Esa espiral llegó en mayo de 2022. Un retiro masivo de UST de Anchor desencadenó exactamente la dinámica que los críticos habían advertido durante meses. En cuestión de días, UST perdió completamente su paridad con el dólar, llegando a cotizar a centavos. Luna, que había alcanzado un máximo de 119 dólares por token, colapsó a fracciones de céntimo. 60.000 millones de dólares en valor de mercado se evaporaron, arrastrando consigo a los fondos, plataformas y personas que habían apostado por el ecosistema.

    Las consecuencias fueron devastadoras y no se limitaron a Terra. El contagio se extendió como un incendio forestal por el ecosistema cripto. Celsius, una plataforma de préstamos cripto con exposición masiva a Terra, suspendió los retiros y eventualmente colapsó. Three Arrows Capital, un hedge fund que había apostado fuerte por Luna, quebró espectacularmente, desencadenando una cascada de liquidaciones. La crisis de confianza contribuyó al posterior colapso de FTX. El efecto dominó de Terra/Luna demostró lo interconectado y frágil que era el castillo de naipes cripto.

    Do Kwon, por su parte, huyó de Corea del Sur, fue detenido en Montenegro con documentos falsificados, y actualmente enfrenta cargos criminales en múltiples jurisdicciones. Su arrogancia en redes sociales durante el auge de Terra —burlándose de críticos, presumiendo de su riqueza, desestimando advertencias legítimas— se ha convertido en evidencia documental de su desprecio por los inversores a quienes destruyó.

    El colapso de Terra/Luna debería haber sido un momento de reflexión para el ecosistema cripto. En su lugar, fue rápidamente olvidado, las víctimas fueron culpabilizadas por su propia codicia, y los promotores del sector continuaron vendiendo la próxima iteración del mismo sueño. Es el patrón constante de la amnesia cripto: cada estafa es tratada como un caso aislado, nunca como síntoma de un sistema diseñado para producir estafas.

    Las stablecoins algorítmicas siguen existiendo, aunque con menor tracción tras el desastre de Terra. La lección que deberíamos extraer es simple: una moneda estable respaldada únicamente por confianza y código no es estable; es una bomba de tiempo esperando las condiciones adecuadas para detonar.